miércoles, 31 de mayo de 2017

Game over.

Colapsé, llegué a mi límite como hacía mucho que no me pasaba. El nivel de agobio que tengo es tal que no me siento ni con la capacidad de lograr los objetivos que me puse, sinceramente y aunque me horrorice reconocerlo, ahora mismo lo único que quiero es tirar la toalla, mandarlo todo a la mierda, terminar con esos sueños locos que me traen de cabeza y dedicarme a lo que aparezca, rondar de lado a lado amoldándome a lo que me ofrezcan. Vida infeliz pero sencilla. No me siento capaz de seguir adelante porque no creo que sea apta para ello, siempre fallo, siempre caigo y pocas veces cumplo con las expectativas que me cuelgan. No voy a engañar a nadie, no soy tanto como intento aparentar ni consigo agradar a quien más me importa, frustración que me carcome internamente como si del más puro ácido se tratase. Creo que no hay sensación peor que sentir que no eres suficiente ni para ti ni para las personas que quieres, que no eres valida para satisfacer los requerimientos básicos que toda persona socialmente sana necesita. Reconozco que todas las carencias y dolencias pasadas siempre me van a pasar factura, y que mi autoestima nunca va a volver a ser lo que era, pero si quien más ha aportado a su recuperación desaparece de manera progresiva parece que la cicatriz se vuelve a avivar. Tonta de mí que permití que alguien pudiese hacerme daño, de mala persona por mi parte intentar cargar a nadie con la procesión que acarreo a mis espaldas. No necesito ni besos, ni abrazos ni caricias constantes, eso no determina el cariño, lo hacen las palabras, los actos, las miradas y los detalles, esas peculiaridades que te recuerdan porqué elegiste seguir ese camino y porqué no te vas a desviar del mismo en lo que te queda de vida. Volveré a parecer una estúpida, pero lo que más me duele es que siempre he querido hacerle feliz y siento que jamás lo voy a conseguir porque tengo esa sensación de que no voy a poder ser quién quiere que sea, ni actuar como pretende que lo haga ni pensar como desea que piense. Seré impulsiva, testaruda, pesimista y cualquier adjetivo que me quieran sumar a la lista, pero soy muy sentida y todo lo que hago, lo hago de corazón.
No quiero continuar así puesto que no encuentro fuerzas para luchar, pero hay algo en lo más profundo de mi ser que no me deja parar. Solo pido que lo que tenga que ser, sea, y lo que tenga que venir o irse, que lo haga, pero que no siga dando vueltas a mi alrededor sin saber que se avecina. Hay veces adelantarse a los hechos sirve de buena barrera.