Hablo más conmigo misma que con la gente que me rodea. Soy la chica de la imaginación brillante y constante, poseída por el afán de ser siempre más de lo que soy. Mantengo un diálogo con mi yo interno de forma rutinaria, como si quisiese encontrar una respuesta a cada pieza de mi ser. Me guardo tanto por no poder expresar mucho, incontinencia mental para tanta retención verbal. Imposibilidad de explicar lo que siento si no soy capaz de poner nombre a mis miedos.
Miedo.
Me posee. Me condiciona. Está detrás de cada uno de mis actos, de mis sentimientos y pensamientos. Es el fantasma del camino, el que me susurra que no lo haga porque será una decepción. Otra más. Miedo de volver a los infiernos.
A fracasar y caer de nuevo. A que me hundan otra vez. He rozado el abismo más veces de las que podría contar. A veces me cuesta incluso recordar el motivo, esclarecer el porqué de todo. Quizás es que no hay una causa ni un motivo concreto, soy yo misma, que me dejo empujar. Puede que el golpe sea demasiado duro, que la tormenta azote con demasiada fuerza. No se es fuerte si las raíces no son firmes, y las mías no tienen ni un solo anclaje entre ellas. Me han roto y me reconstruí, no por un motivo, sino por una necesidad. Esas costuras no son sólidas, todo lo contrario, son frágiles. Es complicado sellar una herida cuando no dejan de tocarla, cuando estas constantemente entre extremos, pidiendo estabilidad.
Miedo a hablar por miedo a la soledad.
Tengo la parábola perfecta y la moraleja adecuada en esta historia. De nada sirve si no se cuenta, lo sé. También sé que no es sencillo abrirte en canal, pues dejas al descubierto zonas de riesgo. El epicentro de un terremoto demoledor, el más alto de cualquier escala. Valiente aquel que grita a todo el mundo el más ferviente de sus secretos, aún sin saber donde están sus enemigos. Temo lo que soy por lo que eso me ha ocasionado en numerosas ocasiones. He sido mala para el mismísimo diablo, aún viviendo en el infierno. La hipocresía ha hecho ricos a muchos porque sepulta la inocencia, el realismo, la empatía y la sana realidad. Y así es como el justo paga por pecador. Así es como se quiebra hasta el más duro material. El poder de las palabras es lo más hiriente de este mundo. Nunca me han agredido de manera física pero me he sentido destruida, rota y malherida. Lo peor es que no se entiende el problema cuando el rasguño no se ve.
Muchos daños para tan pocos años, muchos años de daños para poder librarme de tantos miedos.
El circulo no se rompe, no de momento.
Es necesario librarse de las cadenas. El problema está cuando los eslabones de esa cadena son al mismo tiempo, una parte de mi. Entonces estás en medio de una constante tensión, entre la brisa que tira de ti para liberarte y el huracán en el que creciste.
Me encantaría volar. Desaparecer. Solo me ata mi futuro y ese pedazo de vida que vio lo bonito y puro de mi. Esa parte libre de rencor y pena. Y de nuevo, el miedo.
Miedo a dañar.
Temor de herir a quien no debe pagar los platos rotos de un alma dañada. Es muy sencillo manchar la luz con la oscuridad tan densa que mana de mí. Sin embargo, es extremadamente difícil mantener al margen una realidad que te acompaña de forma diaria, más aún cuando es capaz de ver a través del muro que construyes a diario. Ser inestable desestabiliza tu entorno a menos que este sea inquebrantable y no tengo la total certeza de que el mío sea así. Temo perder lo que quiero de verdad y eso es una realidad. No se si alguien habrá sentido alguna vez esa sensación por mi pero tampoco lo deseo. Quien me respeta y valora de verdad debería saber que nunca me iré, y yo cuando prometo lo hago poniendo la mano en el fuego. Tendría que confiar en la reciprocidad pero cuando hasta las personas que te trajeron a este mundo te fallan cuesta tener fe al 100%. Es el cuento de nunca acabar. Dejarse caer ciegamente no depende de nadie más que de mi misma. Me gustaría perder el miedo a darme la vuelta y ver que nadie me sigue. Confío en que algún día lo haré y, sobre todo, que todas las personas que dijeron darme la mano sigan regalándome sus caricias.
Por eso ya no me valen las promesas, porque lo único que me demuestra algo es la constancia y la transparencia.
Por eso se que quiero muchos años más.
A veces me gustaría haber tenido una vida normal. Luego pienso en que no estaría donde estoy de no haber hecho este recorrido. Y si bien he pasado y sigo pasando cosas malas, también gané personas más bonitas y relucientes que muchos males.
Solo necesito ver la parte buena de las cosas más a menudo. O siempre, si fuese posible.
Todo pasa, en algún momento. Solo se debe ser paciente y aguantar todo el camino.
miércoles, 19 de diciembre de 2018
jueves, 13 de diciembre de 2018
Querida navidad: ya es hora de hablar de ti.
Para mi solo significas soledad.
Contigo todos mis fantasmas vuelven para recordarme la realidad que vivo.
De momento, la batalla continua.
Siempre me preguntan por qué no me gustas si eres, como muchos dicen, la época más feliz del año. Pues bien, aunque no te lo creas, de pequeña me encantabas. Empezaba a ilusionarme con ella muchos meses antes y mi gran frustración año tras año era que nunca nevaba porque claro, yo veía esas películas americanas y aquí nunca nevaba. No sabría decirte la de veces que he llorado porque se acababa, en serio, era una de mis mayores penas. Y mírame ahora, llorando porque llegas.
Contigo todos mis fantasmas vuelven para recordarme la realidad que vivo.
Me encantaban las navidades porque adoraba estar con mi familia, rodeada de mis primos y tíos y viendo como mis abuelos disfrutaban con nosotros. Siempre era igual, nochebuena en casa con la familia de mamá, nochevieja con la familia de papá. Entonces se murió la abuela poco después de fin de año y no había ganas de seguir con esa costumbre, pero el primo nos unió porque la quería tanto que solo quería honrarla. Pero tras esas navidades en las que él nos reunió a todos, él se fue, porque sí, porque quiero creer que ese era su destino a pesar de su edad, porque si no lo pienso así el mundo me parecería el sitio más cruel del mundo. Y entonces las nocheviejas se rompieron totalmente. Mi familia ya estaba rota pero yo, que era una niña, no lo veía. Pasamos de cenar siempre en fechas especiales acompañados a estar mis hermanos, mis padres y yo, pero bueno, con mi familia materna seguíamos reuniéndonos. Entonces el caos de padres que tengo estallaron y surgieron los conflictos, porque si mi padre no era feliz ninguno podíamos serlo. Nos encerraron en una burbuja de discusiones por todo y nos pintaron lo malo que era la gente con mis padres, sobre todo mi abuelo. No recuerdo los interminables enfrentamientos que tuvimos, solo se que un hombre al que yo creía querer alejó a su hija de su padre y de su familia en general por egoísmo, por puro odio. Se acabaron las navidades de cuento, donde toda la familia se reúne y ríen felices. Te transformaste en una monotonía donde solo había discusiones, porque mi padre siempre encontraba un motivo para enfadarse. Aún recuerdo ese año cuando mi madre decidió que cenásemos solos, sin sus padres, para evitar problemas. Juro que si hubiese sabido que iban a ser las últimas navidades de mi abuelo hubiese dado todo lo que tengo por pasarlas con él. Efectivamente, mi abuelo murió el 16 de diciembre del siguiente año y claro, por las fechas, ya no podíamos dar alegría a algo que ya de por sí se había perdido en absoluto. Y así hemos estado hasta que, este último año, me tuve que meter en medio de dos lobos echándose cosas en cara. Recuerdo que esa nochebuena mi padre no cenó con nosotros y me sorprendió lo tranquila que estuve. Así que aquí está el primer motivo.
El hecho de que te acosasen cuando eras pequeña es algo que nunca se olvida. Los insultos, las vejaciones, machaques y las heridas físicas y psíquicas están ahí, por mucho tiempo que pase. Es por esto que desde que tenía 15 años quería huir, porque no existía una persona en el pueblo a quien pudiese llamar amiga. Jamás podré explicar con palabras el sentimiento que padecía al pensar en encontrarme por la calle a esas personas que día sí y día también no me dejaban en paz. Pasé de ser una chica que no pisaba su casa a estar recluida en cuatro paredes porque para mis amigos era, como ellos me llamaban, un piojo: les daba asco y era molesta. Y entonces viene esta época del año donde todo es reencuentro y colegueo y ay que bien todo, pero para mi es volver a mi casa a estar sola, porque tengo que asumir que si bien mis amigas bajan todo lo que pueden, ellas tienen su vida en Madrid y no pueden estar pensando siempre en mí. Me da rabia que esa gente que tanto mal me han hecho puedan contar siempre con alguien y yo allí. Porque uno no valora estos detalles hasta que lo sufre y sí, es muy jodido querer ir a tomarte una puta cerveza por ahí y no poder porque no tienes amigos. Ya no me avergüenzo de decirlo tan siquiera, pero eso no quita que siga doliendo. Entonces te ves con 20 años viendo como tus hermanos se van a disfrutar algo de la mierda de época que es y tú, como una noche normal, te vas a la cama, no pudiendo hacer otra cosa que no sea lamentarte. Nunca lo he confesado, pero este es uno de los motivos por los que me dejé anular tanto por mi expareja, y era el miedo a la soledad. Me dejaron de lado por ser quien era y adopte una actitud de sumisión para que no me volviesen a dar la patada. No recuerdo un año en el que alguna persona por la cual he estado no haya desaparecido de mi vida porque si, porque les da igual lo que yo sienta, porque para ellos no valgo nada. Para mi es una vía de escape vivir aquí porque me aleja de todo lo que viví allí.
A veces me gustaría haber tenido una vida normal. El único motivo por el cual no retrocedería en el pasado y cambiaría las cosas es porque se que no habría llegado hasta donde estoy ni tendría lo que tengo si no hubiese pasado por todo esto. No me rindo aunque a veces lo parezca. Sigo esperando esa calma después de la tempestad. Mi vida está dividida entre mi parte feliz viviendo aquí, y la desesperante cuando vuelvo a casa.
Así que definitivamente no. Navidad, no me gustas y esto será así hasta el día que deje de sentirme sola cada día que duras.De momento, la batalla continua.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)