Buscar el sentido escondido en cada verso. La versión completa de cada frase. Un viaje sin fin de significados donde las vivencias de cada ser eligen. La confusión se vuelca y te cubre, no piensas, solo recitas cada línea, analizas cada sonido en busca de la realidad. Dicen que la buena poesía no es la dedicada a algo concreto, sino la que te deja vía libre para que reflexiones y la adaptes a ti. Ajustar por inercia las palabras a lo que necesitamos escuchar, recordar, vivir. Nunca está de más rememorar lo pasado, no como un castigo, como refuerzo positivo. La señal de que estás aquí y el porqué, el objetivo interpuesto que en ocasiones cayó en el olvido. Y darte cuenta de que el rencor no alivia, el dolor no cura y el temor no solucionada nada. Lecciones apuntadas y aprendidas, tan solo pendientes de ponerlas en marcha. Seamos dueños de nuestros pensamientos, jugar a veces es necesario.