Llegó la hora. He intentado evitar hacer esto puesto que me resuelta muy difícil controlar mis sentimientos. Quizás por fin me siento preparada. Quizás simplemente es que necesito sacarlo todo de una buena vez, cerrar ese capítulo, que si no intenso, a lo mínimo duro de mi vida. La suerte de mi vida se acabó, el cuento de hadas en que vivía modificó su final, la protagonista creció, su apuesto príncipe resulto no serlo tanto. Etapas que culminan para dar paso a otras muy distintas, guiadas de forma muy distinta, pendientes de otro hilo. Se acabó la magia, me di de bruces contra la realidad. Desperté de la fantasía más larga y maravillosa que he tenido, pero también la más complicada de cerrar. Siempre he odiado las despedidas, adoro los comienzos, detallarlos exhaustivamente, exprimiendo cada sentimiento, plasmándolo de la forma en que mejor sé: con palabras, con versos dulces, amables, sinceros. Pero ahora debo recitar la más dolorosa de las despedidas, si bien por pura iniciativa, también por una imperiosa necesidad. Gracias por haber sido mi historia más feliz, mi paño de lagrimas y mi pilar, como bien dijiste una vez, tú siempre dejas huella y aquí está la prueba de ello. Confía en que te llevaré conmigo toda la vida como el más bonito de los recuerdos porque verdaderamente en eso quiero que te conviertas, en la cicatriz más perfecta que mi cuerpo tenga. Siendo claros y sinceros, tu quebraste esta relación con tus actos y yo acabé sentenciándola con los míos. Juré que jamás perdonaría una traición más, pero me aferré al amor que te tenía, al que nos teníamos. Agradezco haberlo intentado puesto que de no ser así, la rabia me carcomería. Pero desde ese momento todo cambio, algo se accionó y dejó entrever las zarzas que se ataban a nuestro alrededor, hiriéndonos. Nos fuimos consumiendo lentamente hasta que el poco oxígeno que quedaba se agotó. Aún así, no guardo rencor, no hay furia, tan solo tristeza. Te reconozco que quise seguir intentándolo, que te busqué en sueños, a mi lado, de mi mano, pero fue entonces cuando abrí los ojos, cuando entendí que me merecería alguien que me valorase de una manera distinta, un soplo de aire fresco que hiciese que volviese a ser quien era. Mi amor propio se puso de pie después de mucho tiempo y dio, literalmente, una patada a mi atormentado corazón. Te quiero mi vida, te quiero más de lo que he querido a nadie, pero más me tengo que querer yo, y creo que ya he aguantado suficiente. Me duele el alma con cada palabra que escribo, me duele que ya no estés, que lo nuestro no haya funcionado pero me alivia el hecho de saber que hemos hecho lo correcto. Necesitas alguien mejor, que te de lo que necesitas y no pienso volver a privarte de ello. Me has dado las más valiosas lecciones y espero que algún día veas que con cada uno de mis actos, solo pretendía hacerte mejor.
Ahora he comprendido que la familia, a pesar de todo, es aquello que nunca va a fallar y que tienes que cuidar. Comprende tú, del mismo modo, que a pesar de ese cariño cada uno necesita su libertad e independencia: vive, te lo pido encarecidamente, disfruta y sé feliz, haz locuras, da un par de escarmientos a quienes merecen y equivócate las veces que hagan falta con tal de que encuentres la tranquilidad, la liberación y la estabilidad que precises, prométeme por favor que te volverás a enamorar y que otra gozará del amor que yo tanto disfruté. Procura, y dejar claro que esta petición carece de maldad, cambiar, moldear ese carácter y ese humor para evitar hacer daño a quien quieres, como en varias ocasiones me hiciste a mi. No voy a andarme con rodeos, me has herido. Quizás es por eso por lo que ya no quiero buscarte, porque no puedo permitirme más dolor, porque necesito una implicación que ya no existía. Te culpo únicamente de no haber sido claro y de haberme privado de la conversación y la explicación que merecía.
Hoy paso página o cambio de libro directamente, eso ya lo decidirá el tiempo. Será el destino el que decida que será en un futuro de tí y de mí, o quien sabe, quizá de nosotros. Ahora solo pienso en reponerme, en cumplir las metas que me he impuesto y sobretodo, en ser feliz.
Que te vaya bien, de corazón, ese que tan bien conoces, te lo digo.