Siempre me preguntan por qué no me gustas si eres, como muchos dicen, la época más feliz del año. Pues bien, aunque no te lo creas, de pequeña me encantabas. Empezaba a ilusionarme con ella muchos meses antes y mi gran frustración año tras año era que nunca nevaba porque claro, yo veía esas películas americanas y aquí nunca nevaba. No sabría decirte la de veces que he llorado porque se acababa, en serio, era una de mis mayores penas. Y mírame ahora, llorando porque llegas.
Contigo todos mis fantasmas vuelven para recordarme la realidad que vivo.
Me encantaban las navidades porque adoraba estar con mi familia, rodeada de mis primos y tíos y viendo como mis abuelos disfrutaban con nosotros. Siempre era igual, nochebuena en casa con la familia de mamá, nochevieja con la familia de papá. Entonces se murió la abuela poco después de fin de año y no había ganas de seguir con esa costumbre, pero el primo nos unió porque la quería tanto que solo quería honrarla. Pero tras esas navidades en las que él nos reunió a todos, él se fue, porque sí, porque quiero creer que ese era su destino a pesar de su edad, porque si no lo pienso así el mundo me parecería el sitio más cruel del mundo. Y entonces las nocheviejas se rompieron totalmente. Mi familia ya estaba rota pero yo, que era una niña, no lo veía. Pasamos de cenar siempre en fechas especiales acompañados a estar mis hermanos, mis padres y yo, pero bueno, con mi familia materna seguíamos reuniéndonos. Entonces el caos de padres que tengo estallaron y surgieron los conflictos, porque si mi padre no era feliz ninguno podíamos serlo. Nos encerraron en una burbuja de discusiones por todo y nos pintaron lo malo que era la gente con mis padres, sobre todo mi abuelo. No recuerdo los interminables enfrentamientos que tuvimos, solo se que un hombre al que yo creía querer alejó a su hija de su padre y de su familia en general por egoísmo, por puro odio. Se acabaron las navidades de cuento, donde toda la familia se reúne y ríen felices. Te transformaste en una monotonía donde solo había discusiones, porque mi padre siempre encontraba un motivo para enfadarse. Aún recuerdo ese año cuando mi madre decidió que cenásemos solos, sin sus padres, para evitar problemas. Juro que si hubiese sabido que iban a ser las últimas navidades de mi abuelo hubiese dado todo lo que tengo por pasarlas con él. Efectivamente, mi abuelo murió el 16 de diciembre del siguiente año y claro, por las fechas, ya no podíamos dar alegría a algo que ya de por sí se había perdido en absoluto. Y así hemos estado hasta que, este último año, me tuve que meter en medio de dos lobos echándose cosas en cara. Recuerdo que esa nochebuena mi padre no cenó con nosotros y me sorprendió lo tranquila que estuve. Así que aquí está el primer motivo.
El hecho de que te acosasen cuando eras pequeña es algo que nunca se olvida. Los insultos, las vejaciones, machaques y las heridas físicas y psíquicas están ahí, por mucho tiempo que pase. Es por esto que desde que tenía 15 años quería huir, porque no existía una persona en el pueblo a quien pudiese llamar amiga. Jamás podré explicar con palabras el sentimiento que padecía al pensar en encontrarme por la calle a esas personas que día sí y día también no me dejaban en paz. Pasé de ser una chica que no pisaba su casa a estar recluida en cuatro paredes porque para mis amigos era, como ellos me llamaban, un piojo: les daba asco y era molesta. Y entonces viene esta época del año donde todo es reencuentro y colegueo y ay que bien todo, pero para mi es volver a mi casa a estar sola, porque tengo que asumir que si bien mis amigas bajan todo lo que pueden, ellas tienen su vida en Madrid y no pueden estar pensando siempre en mí. Me da rabia que esa gente que tanto mal me han hecho puedan contar siempre con alguien y yo allí. Porque uno no valora estos detalles hasta que lo sufre y sí, es muy jodido querer ir a tomarte una puta cerveza por ahí y no poder porque no tienes amigos. Ya no me avergüenzo de decirlo tan siquiera, pero eso no quita que siga doliendo. Entonces te ves con 20 años viendo como tus hermanos se van a disfrutar algo de la mierda de época que es y tú, como una noche normal, te vas a la cama, no pudiendo hacer otra cosa que no sea lamentarte. Nunca lo he confesado, pero este es uno de los motivos por los que me dejé anular tanto por mi expareja, y era el miedo a la soledad. Me dejaron de lado por ser quien era y adopte una actitud de sumisión para que no me volviesen a dar la patada. No recuerdo un año en el que alguna persona por la cual he estado no haya desaparecido de mi vida porque si, porque les da igual lo que yo sienta, porque para ellos no valgo nada. Para mi es una vía de escape vivir aquí porque me aleja de todo lo que viví allí.
A veces me gustaría haber tenido una vida normal. El único motivo por el cual no retrocedería en el pasado y cambiaría las cosas es porque se que no habría llegado hasta donde estoy ni tendría lo que tengo si no hubiese pasado por todo esto. No me rindo aunque a veces lo parezca. Sigo esperando esa calma después de la tempestad. Mi vida está dividida entre mi parte feliz viviendo aquí, y la desesperante cuando vuelvo a casa.
Así que definitivamente no. Navidad, no me gustas y esto será así hasta el día que deje de sentirme sola cada día que duras.De momento, la batalla continua.
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