lunes, 12 de diciembre de 2016
Hay días que todo cuesta más, y otros en que ni siquiera te mueves porque la pendiente es demasiado empinada. Se mezcla la tristeza de una parte, con la nostalgia de otra y el miedo de una última. Tristeza de no tener a quien más necesitas, nostalgia de lo vivido, de aquello que puede regresar y de esa despedida definitiva y miedo de alejarse, de decir adiós. Tengo momentos en los que puedo asegurar que nadie me vencería, me siento invencible, capaz. Pero como todo humano también caigo, también me siento vulnerable, también necesito un abrazo, un apoyo. Nunca pensé que cabría tanto en algo tan pequeño como es mi cabeza, pero ya ni eso me importa. Hoy solo existo, no quiero más. El frío invierno me hunde y las fechas que se acercan no ayudan, ni la compañía que tengo o de la que carezco. Se que es algo pasajero, que todo es cuestión de tiempo pero cuando toca pasarlo duele, aunque no me molesta. Es algo incoherente pero es así, me siento muy viva sintiendo esto porque eso solo demuestra que he sido tan feliz, que recordar lo que se fue me hace caer. Sí, caigo, tropiezo y me resbalo, pero ya no es como antes. Antes era un tormento, tenía algo que no me dejaba descansar, un zumbido insoportable que me recordaba cada instante que algo no iba bien, incansable. Ahora tengo la tranquilidad que desde hace tanto necesitaba, sé que las cosas no son en si como desearía pero están tranquilas y están claras y con eso me basta, ya no es sufrimiento ni rabia, en estos instantes tan solo es una tristeza mezclada con un poquito de cada cosa, pero totalmente soportable y lógica. Paso a paso, como siempre, aceptando que habrá días que se hagan difíciles y otros que serán un paseo, pero con la conciencia bien tranquila. Eso me fallaba y ahora sé que eso es lo mejor que me podría haber pasado, tomar las decisiones adecuadas para liberarme a mí misma.
lunes, 5 de diciembre de 2016
Avanzar. Continuar hacia delante, sin detenerse, sin pensar. Tan solo avanzar, dejar todo atrás, cerrando puertas, sanando heridas. Sin preocupaciones, sin problema alguno, solo caminar como si no hubiese nada más que hacer, nada mejor. Un camino lleno de piedras, si, pero que siempre llega a un lugar agradable, el sueño de todos, la felicidad. Pasa que a veces nos perdemos, cogemos un atajo que en vez de ayudarnos nos equivoca, nos hace flaquear. Senderos que nos muestran nuestros miedos, que nos hacen fallar, que te incitan a retroceder, volver al principio pensando que eso es lo seguro, que actuando de ese modo no sufrirás. Aquel que vuelve nunca terminará la carrera, se encerrará en un bucle sin fin, intentando progresar pero fracasando nuevamente. La travesía que aparentemente puede resultar sencilla nunca lo va a ser, la vida no está hecha de cosas fáciles, eso es lo que primeramente deberíamos asumir: lo que vale la pena, costará su trabajo, porque si simplemente se regalase, se ofreciese, nunca se valoraría como merece, se tendría como algo más sin darle la importancia que en verdad tiene. Por tanto, si pecamos de ingenuos y cometemos el error de fiarnos de esa bella portada, debemos ser lo suficientemente valientes como para enmendar ese error. Todos esos temores que nos acecharán tendrán que ser destruidos o, a lo poco, superados y entendidos. Transformemoslos en nuestros fuertes, de este modo no podrán con nosotros. Y solo así conseguiremos volver al camino principal, a ese que, a pesar de estar lleno de obstáculos, nos ofrece una mano ante las adversidades. No estamos solos en este proceso. Muchos nos ofrecerán ayuda, otros tan solo nos traerán más pruebas, más retos por superar. No abusemos tampoco de la generosidad de los demás porque corremos el peligro de que esta se nos retire, y tal será el chasco que retrocederemos sin darnos cuenta. Pero siempre, aún así, hay que recordar una y otra vez lo siguiente: solo aquellos que dejen la cobardía de lado, que arriesguen y que luchen, lograrán el fin deseado. La vida no está hecha para amilanarse, está hecha para vivirla y disfrutarla. No la desperdiciemos. Es algo que una vez perdido, nunca regresa.
martes, 22 de noviembre de 2016
Momentos de reflexión, de darle vueltas a la cabeza sin remedio. Situaciones en las que uno difícilmente encuentra coherencia en sus pensamientos, en los que es imposible no cavilar, no meditar. El mundo se te cae encima y tu solo luchas por salir a la superficie, buscando una esperanza, un soplo de aire refresco que inunde tus pulmones, que te alivie la tensión acumulada. Y entonces te confundes y no sabes si quieres eso o volver a ahogarte para cerrar tu mente, para cortar el paso al torrente de emociones que se avecina, que amenaza con destruirte. No se si habrá algún tipo de Dios, pero puedo asegurar que tuvo una idea macabra en el momento en que ideo nuestra manera de recapacitar. Quizás es que yo soy rara. Quizás mareo mucho cosas evidentes y simples. Quizás me preocupo demasiado por cosas que no merecen tanta importancia. Quizás es mi miedo personal, ese propio de mi, el que tantos problemas me ocasiona. No se si estoy loca o es el mundo que me rodea el que no está muy lúcido. Es más fácil pensar que es la sociedad que me rodea, pero debo pensar que en verdad, el meollo de la cuestión. el tema central del problema, soy exclusivamente yo. Y aquí estoy, como cada día, buscando soluciones, queriendo sobrellevar el caos de vida que llevo. Me pierdo pensando en todo, pero no me arrepiento. Son estos momentos de vulnerabilidad los que me hacen valorar hasta el más mínimo detalle, los que me hacen darme cuenta de lo feliz que fui antes de perder tantas cosas. Es conocido aquello de que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde, y por desgracia la gente de mi alrededor no ha sido una excepción a esa regla. Y no darse cuenta de ello me ha afectado a mi sin quererlo. Como si de algo infeccioso se tratase, contagiando a aquellos que tomaron todas las precauciones posibles. Gente que contamina sin pensar en las consecuencias de sus errores, y que dañan más de lo que piensan. Unos piensan demasiado en los demás y otros piensan demasiado en su propio ego. No es equitativo, no es justo. Ley de vida: darás mucho y no recibirás ni la mitad. La cuestión es seguir, y volver a caer. y volver a salir y repetir el círculo vicioso de siempre. Algún día cambiará. Todo es cuestión de tiempo, todo se basa en superar, olvidar y seguir adelante, Paso a paso, sin pausa pero sin prisa. Y aprendiendo de los errores. Cuantas menos veces tropecemos con la piedra, mejor.
lunes, 21 de noviembre de 2016
Shine, bright.
Hay ciertos momentos en la vida en que uno se da cuenta de lo valioso que es esta. Vivimos sin disfrutarlo, dejamos pasar las horas, los días, como si estos fuesen a volver alguna vez. Planeamos, recordamos pero nunca aprovechamos ese instante tan fugaz, tan importante. Los seres humanos somos gente estúpida: nos ofrecen la capacidad de pensar y decidimos tirarla por la borda, prefiriendo actuar como animales, guiándonos por nuestros instintos. Y sí hay persona lo suficientemente hipócrita e incoherente que por favor, me niegue esto. Vemos algo bonito, bello, y no dudamos en escogerlo antes que algo que no tiene el mismo brillo, solo contemplamos la fachada. ¿Y si eso que tanto desgrada mirar tiene luz propia en su interior? Tendría lógica, ¿verdad? Nadie deja sus tesoros a la vista, por tanto, nadie dejaría lo más valioso de uno mismo al alcance de cualquiera. Aquellos que se aventuren en descubrir los más oscuros lugares hallaran los mejores premios. Lo bueno no se da, se consigue, se pelea, se merece. Absolutamente nada que valga la pena en este planeta se mostrará al público como si de una prenda de mercadillo se tratase, vendiéndose al mejor postor. Todo lo contrario: lo valioso ya tiene un precio, algo fijo, y ese importe es la constancia, la perseverancia, la ilusión, la lucha, el amor, la solidaridad, la empatía, el buen corazón y la sana mente. Por ello, al igual que no se puede judgar un libro por su portada, tampoco se puede conocer su historia leyendo tan solo el prologo. Hay que profundizar, analizar cada página y no dejar que nos cuenten la leyenda otros. porque nadie excepto uno mismo la interpretará mejor. No se puede definir a una persona ni por su aspecto ni por lo que los demás digan de ella porque nadie asegura que lo que te digan sea cierto. Para ti o quizás si lo es, para ella puede ser que no. Puede que no destaque en aquello que a mi me gusta, pero que sea el mejor en eso que yo no valoro. Quien sabe si estamos tachando a alguien de algo que no es solo porque no sepamos apreciar los valores y las aptitudes por los que destaca. Pongamos en práctica todas esas moralejas ocultas en los cuentos de nuestra infancia. Ningún ser en este mundo es menos que otro, solo sobresale en aspectos que no conocemos. No debemos inculcar lo que queremos que sean ni hacer inferior a ninguna persona por aquello que no es su fuerte, si no potenciar y destacar esa parte que tanto brilla de ellos. Y solo así iluminaremos nuestro camino, ese que cada uno, por sí mismo, debe seguir. Nuestra luz propia, la esencia de cada ser, de cada vida. La vida que tan poco aprovechamos y que tan rápido pasa. Vuelta al principio, el círculo vicioso de cada día, de cada instante. Ese instante que ya pasó, que tan rápido se fue. Pero que, tras tanto empezar, ya conseguí aprovechar.
domingo, 20 de noviembre de 2016
Llego la hora de encontrarse, de volver a ser lo que uno era. Mucho tiempo perdida, demasiado sin ser yo. Se acabó, fin de la etapa, vuelta a empezar. Es algo así como comenzar de cero pero con una base: ser quien quiero ser, con cabeza, con coherencia, sin controlarlo pero con algo de precisión. Aquí estoy y vengo a mostrar lo mejor de mi, no una faceta con la cual ni siquiera me identifico. Reír pero de alegría, no por compromiso. Disfrutar pero sin descuidar lo que quiero y lo que debo. En definitiva, volver a ser quien era pero mejorando aquello en lo que fallaba. Tengo que recuperarme, tengo que volver a aprovecharme como realmente merezco. Y si, aunque no me valore lo suficiente ni me aprecie lo necesario se que me merezco mucho más de lo que tengo en estos instantes, y poder alcanzarlo solo depende de mi, de lo que yo logre por mis méritos y por mis capacidades y no de lo que presuma. No aparentar, vivir. Y quien me quiera que lo haga por lo que de verdad sigo, siento y soy, no por una fachada estúpida que me planté. Mi miedo a fallar, a no gustar, mi particular pesadilla. Temor a ser rechazada como muchas otras veces lo he sido. Pánico a mostrarme en sí y que se aprovechen de ello. Como si de un círculo vicioso se tratase: me libero, me admiro, me dañan, me escondo. Cuanto menos me muestre menos me podrán tocar, menos dolor me podrán hacer. Ojala pudiese evitarlo, no sabéis bien el sufrimiento que me ahorraría. No me doy cuenta de que actuando de este modo tan solo me hago daño a mi mismo y a la gente que de verdad me valora. Me vuelvo vulnerable cuando lo único que intento es evitarlo. Que curioso que aquello que creemos mejor solo nos perjudica aún más. Que difícil es abrir los ojos a tiempo. Se que puedo con todo lo que me presenten, se que puedo vencer cueste lo que cueste. Tan solo tengo que creerlo, es el primer paso para lograr todos mis objetivos. Y mi primer objetivo es ser feliz, y para ello tengo que rescatar esa fuerza que me hacía ser mejor, que conseguía lo inimaginable en mi. Paso a paso, pero firmes, sin vacilación.
Primer día de mi verdadero nuevo comienzo: rescatar la esencia que me definía. Allá vamos.
Primer día de mi verdadero nuevo comienzo: rescatar la esencia que me definía. Allá vamos.
lunes, 14 de noviembre de 2016
Demasiado tiempo tragando, necesito escupir. O vomitar. Depende de la calidad, de la basura que lleve. La gota que colma el vaso está muy próxima, incluso rebosando. Al límite, como siempre. Busco mi orgullo y ya hasta igual me da, no me quiero, no me pienso, no soy. Sobrevivo como un cuerpo con algo de alma, siendo sin ser. Esto no vale la pena. Día que pasa, día que más cuenta me doy. Soy una especie de animal, actúo por instinto, sin pensar. O lo hago con el corazón, por amor. Amor, digno enemigo. Maldigo la hora en que me embaucaste, en que me hiciste caer en tus redes. Nadie me aviso antes de lo difícil que era esto, Nunca jamás me dijeron que iba a sufrir tanto. ¿Era necesario darme este golpe tan de frente? ¿No podría haberse terminado, así sin más, fugaz y sin darme cuenta, como el fin del verano? He confiado en que el karma me tendría algo más de aprecio después de tanta putada, después de tanta puñalada. Y el cabrón me odia, me quiere machacar hasta que no pueda más. Bendita paciencia la mía, de cuantas me salva. No se ni por qué sigo aquí. No quiero seguir, no quiero pero no puedo parar. Es una adicción insana, una droga sin sentido: no me coloca, me trastorna. Siempre he dicho y me he repetido que me tengo que valorar, y estoy luchando por alguien que no lo hace, que solo está acostumbrado a que le baile el agua. Me doy cuenta en cada instante que pasa y no quiero, y lo intento evitar pero cada día es más evidente. Han jugado conmigo, se han reído, se han burlado y lo siguen haciendo. Peleo a muerte con un rival doble: un amor ansiado y valorado, y un frente abierto con mi cerebro, con mi conciencia y mi coherencia, quienes me dicen que abandone. Que fácil es mandar el mensaje cuando no tienen un imán que les hace recaer constantemente. Sencillo cuando no se quiere, solo se piensa. Y lo peor es que no es un simple querer, es amor, del puro, del jodido, del que duele. Amor del que no es correspondido, del que deja en el aire las palabras. Y las promesas. Y las noches de no olvidar, las palabras de amor sincero dichas por una de las partes, la más sincera, la más sencilla, simple y sensible. La de un corazón herido que volvió a confiar y a quien volvieron a herir. La de un guerrero sin arma ni armadura, que pelea a golpes ante un millar de militares. Herido de muerte, si, pero sin echarse atrás. He dejado mi razón, mi orgullo, mi dignidad y mis valores de lado. Me he volcado por una causa perdida, sin fundamento. Lo sé, soy consciente de ello. Pero no rectifico, sigo sin dar mi brazo a torcer. Tengo que aclararme, debo aclararme. Todo es ponerse, todo es intentarlo. La clave está en quererme. Descifrarlo es lo complicado. Casi imposible. Ya solo trago, no reacciono, no grito, no me enfado. Solo trago. Y explotaré, como ya he dicho, el vaso está a punto de colmarse, el mar se agita, el río se desborda. Demasiado caudal, demasiada presión, demasiadas tormentas como para seguir su paso tal cual. Seguir el camino es lo adecuado, pero nadie nos dijo que nos encontraríamos con tantas piedras.
Maldito y condenado amor, cuanto daño me has hecho. Y que feliz me haces cuando quieres, aunque nunca lo hagas.
Maldito y condenado amor, cuanto daño me has hecho. Y que feliz me haces cuando quieres, aunque nunca lo hagas.
miércoles, 2 de noviembre de 2016
Planteo un dilema moral. ¿Qué sería mejor, hacer lo que debes o hacer lo que sientes? Gran pregunta, sin duda. Se enfrentan dos casos que son totalmente contrarios en el mayor de los casos. No tiene una respuesta perfecta, eso sin dudarlo, esta variará dependiendo de la persona, de su mentalidad, o de la propia sociedad en sí. Normalmente, lo que se debe hacer es lo correcto aunque esto no nos haga feliz pero claro, si socialmente está bien visto debería ser mejor, ¿no? Grato error. ¿Por qué tiene que ser lo óptimo lo que piensen los demás? ¿Por qué mi forma de actuar o de pensar no es aceptada si no coincide con la del resto? ¿Justo? No hace falta ni responder a esa pregunta. Vivimos condicionados por el qué dirán, como si lo que soltasen un par de ilusos por la boca nos fuese a solucionar la vida. A estas alturas cualquiera se ve ya con la libertad de opinar sobre lo que hacemos, lo que pensamos, lo que decimos y lo que amamos. Nos estamos convirtiendo en marionetas que se dejan hacer, pensando que así todos caeríamos bien. Sí, dentro de poco seremos una especie de personas sin corazón y sin capaz de decidir por nosotros mismo al servicio de un par de personas que han tomado el control de nuestras vidas, manejándolas a su antojo porque es lo que les hemos permitido. Y seremos felices y comeremos felices, todo muy bonito. Y entonces, ¿dónde queda nuestra esencia? ¿Qué nos diferenciaría de quién tenemos al lado? Son los pequeños actos que hacemos con el corazón y las decisiones más difíciles de tomar las que dicen cómo somos, los abrazos verdaderos, el ser el hombro donde llorar cuando tú mismo eres un mar de lágrimas. Sentir y padecer nos hace ser humanos, y llorar, amar, reír, sufrir y emocionarse. Luchar, pelear con el alma por aquello que queremos. Y hacer lo que nos de la real gana, dejarnos llevar, viajar porque nos apetece, hacer locuras. En definitiva, hacer lo que sientes. Así que no sé como se verá ni que opinarán pero me da igual. Me gusta ser feliz y lo soy siendo quien soy de verdad. Y me juzgarán. Y caeré, no una, sino mil veces. Pero me volveré a levantar con más fuerza que nunca, tropezaré con la misma piedra una y otra vez, amaré con la intensidad de las primeras veces aunque sepa que voy a sufrir, sonreiré y actuaré porque sí, porque eso es lo que me pide el cuerpo y porque me gusta dejarme llevar. Solo así podré decir dentro de muchos años que yo disfruté la vida porque de verdad la viví. Contaré y gritaré que yo me equivoqué pero supe enmendar y aprender de mi error, que me enamoré de quién no me esperaba y joder, ¡qué bonita es la vida cuando encuentras a la persona indicada para hacerte sentir grande! No se que será de mi, pero se que no quiero arrepentirme en un futuro de lo que no hice por miedo a que me juzgasen, y con eso, me vale.
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