domingo, 3 de diciembre de 2017

Buscar el sentido escondido en cada verso. La versión completa de cada frase. Un viaje sin fin de significados donde las vivencias de cada ser eligen. La confusión se vuelca y te cubre, no piensas, solo recitas cada línea, analizas cada sonido en busca de la realidad. Dicen que la buena poesía no es la dedicada a algo concreto, sino la que te deja vía libre para que reflexiones y la adaptes a ti. Ajustar por inercia las palabras a lo que necesitamos escuchar, recordar, vivir. Nunca está de más rememorar lo pasado, no como un castigo, como refuerzo positivo. La señal de que estás aquí y el porqué, el objetivo interpuesto que en ocasiones cayó en el olvido. Y darte cuenta de que el rencor no alivia, el dolor no cura y el temor no solucionada nada. Lecciones apuntadas y aprendidas, tan solo pendientes de ponerlas en marcha. Seamos dueños de nuestros pensamientos, jugar a veces es necesario.










lunes, 9 de octubre de 2017

Prologue

"Me sentía atrapada, ciega y muda para el mundo mientras mi interior no dejaba de gritar a todo aquel que veía. La impotencia me empezaba a consumir, no lograba comprender que pasaba a mi alrededor. Vestigios de conversaciones a mi alrededor se iban tan rápido como llegaban. Dolor, sentía el cuerpo dolorido e inmóvil, tanto que eran muy breves los momentos de consciencia. Escuchaba suplicas, una voz armoniosa me rogaba que volviese mientras la oscuridad volvía a envolverme como si quisiese protegerme. Mi corazón se revolvía furioso ante cada contacto de ese extraño con mi piel, sintiendo la imperiosa necesidad de devolver el gesto. Y entonces volvía a caer en ese sueño profundo sin tener la opción de elegir, quedando expuesta a la decisión de una mente frágil y un cuerpo dañado."

domingo, 8 de octubre de 2017

Retomar todo con más fuerza, con más ganas. La coraza ha vuelto a su sitio, se terminó el sentir y el padecer. Vivir seguida de instintos, fuera sentimientos, lo frío despeja, el calor solo ahoga. Aprender a convivir con experiencias nuevas, choques de vitalidad que entierran el resentimiento y los últimos vestigios de guerras pasadas. Es más fácil cubrir todo con una capa gruesa que tratar de eliminarla puesto que eso supone enfrentarlo, conlleva excavar en esos recuerdos, destripar cada línea, cada momento, cada caricia. No se trata de intentar sustituir lo que ya está, sino de pasarlo, mantenerlo como una lección, como una guía, el mapa que te muestra cada peligro, cada tentación. Vivir del pasado mata, vivir de las expectativas del futuro también. El ahora es lo que te ayuda a progresar, sin complejos ni tapujos, dejando claro qué quieres, quién eres y lo que vales. Que el viento no te tumbe, que la marea no te arrastre, que los sueños no te cieguen. Mantenerse firme en el camino, tropezando las veces que haga falta y sonriendo, la confianza hace el éxito, todo consiste en creerlo, en decir bien alto que se puede, que vales para ello. Tener como objetivo estar en paz con uno mismo y con sus actos, sin que afecte el qué dirán.
Empezar de cero pero siguiendo un motivo. Sin prisa, pero sin pausa.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Mis doce razones.

Llegó la hora. He intentado evitar hacer esto puesto que me resuelta muy difícil controlar mis sentimientos. Quizás por fin me siento preparada. Quizás simplemente es que necesito sacarlo todo de una buena vez, cerrar ese capítulo, que si no intenso, a lo mínimo duro de mi vida. La suerte de mi vida se acabó, el cuento de hadas en que vivía modificó su final, la protagonista creció, su apuesto príncipe resulto no serlo tanto. Etapas que culminan para dar paso a otras muy distintas, guiadas de forma muy distinta, pendientes de otro hilo. Se acabó la magia, me di de bruces contra la realidad. Desperté de la fantasía más larga y maravillosa que he tenido, pero también la más complicada de cerrar. Siempre he odiado las despedidas, adoro los comienzos, detallarlos exhaustivamente, exprimiendo cada sentimiento, plasmándolo de la forma en que mejor sé: con palabras, con versos dulces, amables, sinceros. Pero ahora debo recitar la más dolorosa de las despedidas, si bien por pura iniciativa, también por una imperiosa necesidad. Gracias por haber sido mi historia más feliz, mi paño de lagrimas y mi pilar, como bien dijiste una vez, tú siempre dejas huella y aquí está la prueba de ello. Confía en que te llevaré conmigo toda la vida como el más bonito de los recuerdos porque verdaderamente en eso quiero que te conviertas, en la cicatriz más perfecta que mi cuerpo tenga. Siendo claros y sinceros, tu quebraste esta relación con tus actos y yo acabé sentenciándola con los míos. Juré que jamás perdonaría una traición más, pero me aferré al amor que te tenía, al que nos teníamos. Agradezco haberlo intentado puesto que de no ser así, la rabia me carcomería. Pero desde ese momento todo cambio, algo se accionó y dejó entrever las zarzas que se ataban a nuestro alrededor, hiriéndonos. Nos fuimos consumiendo lentamente hasta que el poco oxígeno que quedaba se agotó. Aún así, no guardo rencor, no hay furia, tan solo tristeza. Te reconozco que quise seguir intentándolo, que te busqué en sueños, a mi lado, de mi mano, pero fue entonces cuando abrí los ojos, cuando entendí que me merecería alguien que me valorase de una manera distinta, un soplo de aire fresco que hiciese que volviese a ser quien era. Mi amor propio se puso de pie después de mucho tiempo y dio, literalmente, una patada a mi atormentado corazón. Te quiero mi vida, te quiero más de lo que he querido a nadie, pero más me tengo que querer yo, y creo que ya he aguantado suficiente. Me duele el alma con cada palabra que escribo, me duele que ya no estés, que lo nuestro no haya funcionado pero me alivia el hecho de saber que hemos hecho lo correcto. Necesitas alguien mejor, que te de lo que necesitas y no pienso volver a privarte de ello. Me has dado las más valiosas lecciones y espero que algún día veas que con cada uno de mis actos, solo pretendía hacerte mejor.
 Ahora he comprendido que la familia, a pesar de todo, es aquello que nunca va a fallar y que tienes que cuidar. Comprende tú, del mismo modo, que a pesar de ese cariño cada uno necesita su libertad e independencia: vive, te lo pido encarecidamente, disfruta y sé feliz, haz locuras, da un par de escarmientos a quienes merecen y equivócate las veces que hagan falta con tal de que encuentres la tranquilidad, la liberación y la estabilidad que precises, prométeme por favor que te volverás a enamorar y que otra gozará del amor que yo tanto disfruté. Procura, y dejar claro que esta petición carece de maldad, cambiar, moldear ese carácter y ese humor para evitar hacer daño a quien quieres, como en varias ocasiones me hiciste a mi. No voy a andarme con rodeos, me has herido. Quizás es por eso por lo que ya no quiero buscarte, porque no puedo permitirme más dolor, porque necesito una implicación que ya no existía. Te culpo únicamente de no haber sido claro y de haberme privado de la conversación y la explicación que merecía.
Hoy paso página o cambio de libro directamente, eso ya lo decidirá el tiempo. Será el destino el que decida que será en un futuro de tí y de mí, o quien sabe, quizá de nosotros. Ahora solo pienso en reponerme, en cumplir las metas que me he impuesto y sobretodo, en ser feliz.
Que te vaya bien, de corazón, ese que tan bien conoces, te lo digo.

miércoles, 19 de julio de 2017

Si no lo suelto, estallo. Mi límite roza sus niveles más altos y tanta contención no me hace bien. La realidad que vivo parece una historia de ciencia ficción, donde todo se basa en buenas caras, contestaciones acertadas y actos de buena fe. Toca callarse la frustración, las ganas de llorar, la procesión interna y el sin vivir que sufro diariamente por numerosos factores que, si me diese por explicarlos, harían de esto un texto infinito. Callo por no complicar las cosas e igualmente tampoco serviría de mucho hablar, eso ya lo tengo comprobado. Mis palabras caen en saco roto, logran en el objetivo el mismo efecto que si el receptor fuese una pared totalmente rígida. Siendo claros y sinceros, me he plantado una fachada de sumisión, alegría y frialdad escondida que en ciertas ocasiones resulta útil: menos explicaciones, menos problemas. Me gustaría poder lograr que esta se mantuviese siempre, y que dieses sus frutos, pero cada vez pierdo más la esperanza. Intento agradar y parece que continuamente algo falla y eso me va hundiendo lentamente. Simplemente me entran unas ganas infinitas de mandarlo todo a la mierda de una buena vez, ahorrarme todo esto. Me prometí a mi misma una vez que no iba a volver a sufrir por una persona y lo vuelvo a hacer. Nadie se imagina que esté así porque nadie sabe nada, cada vez me abro menos a la gente, cada vez doy menos cariño, cada vez soy más independiente. En cierto modo me estoy preparando para que, si esto no mejora, pueda seguir adelante y no sienta ese terrible síndrome de abstinencia que ya padecí antes. En estos instantes solo se que necesito cariño, amor, cercanía, besos de verdad y no con un fin. Cargo con una carga a mis espaldas que me está doblando, y yo no tengo fuerzas para tanto. Mi capacidad de aguante para las malas formas, las contestaciones decadentes, la frialdad, el desprecio y el poco cariño está llegando al borde del colapso. Pero no quiero ceder, el amor que le tengo no me deja hacerlo, y eso es lo que más de carcome por dentro: que anteponga mis sentimientos a mi propia estabilidad emocional.

jueves, 22 de junio de 2017

Descontrol.

No sé si soy yo la incomprendida o quien en verdad no comprende. Ya no es confusión lo que en mi predomina, sino un estado de frustración que va en aumento. El hecho es que por más que trato de explicar de la mejor manera posible lo que siento, o lo que creo, más locura parece lo que relato. Quizás seré yo que no estoy en plenas facultades. Quizá son los demás, que no ven más allá de su propio entendimiento y experiencia. Podría acusarme y culparme de forma directa pero sé que en si eso no sería ni justo, ni cierto. La experiencia me ha hecho comprender que posiblemente no soy yo quien esté tan equivocada, que puede ser que a quien decida contarle o preguntarle no se ponga en mi piel. Digamos que sería lo más factible. Ocurre que, cuando el vaso se ha colmado y derribado, derramas todo con la persona que más cerca esté o en la cual primero piensas, y es entonces cuando te das cuenta de que no todo lo que cuentas son cosas incomprensibles. La regla es la misma: tu te machacas por no judgar, por no discriminar, por ser justa y por ser empática, pero no recibes las mismas consideraciones. Siempre eres tú la que no entiende, la que piensa y obra mal, la que no comprende a esa persona. Ocurre que quién más debería animarte es quien más te descoloca, producto de un egocentrismo puro y de una capacidad de empatía nula, cuya frase dominante es: "lo mío está bien, lo tuyo no, no te lo digo pero sí lo pienso". Y es aquí cuando de nuevo soy mala por pensar de esta manera, vaya disparates que se me vienen a la cabeza. Voy con los hechos y los argumentos, soy de las que creen que mis pensamientos malvados están fundamentados. Así, por ejemplo, digamos que se me corrige porque hago algo mal pero mi acusador maestro lo realiza aún peor, yo lo modifico pero no tengo ni voz ni voto para corregirlo a él, no es verdad lo que digo. O se me acusa de no cambiar mi actitud pero la suya solo empeora, de no colaborar cuando él no lo corresponde o no lo ve, de ofrecerme y solo sacar pegas, de yo tener que aceptar lo que me pasa sin quejarme pero él tener la total libertad de protestar porque eso sí está justificado. Mala soy yo de decir lo que es evidente, o no entender las dagas que en ocasiones sueltas por esa boca divina. Injusta soy por no comprender que necesitas tu espacio y tus amistades, cuando en mi postura no es lo mismo. Pesada soy por no callarme e intentar hablar contigo, sacar una conclusión, ponernos de acuerdo e intentar que no haya ganadores ni que ninguno sea más que el otro, que todo sea un consenso en la medida de lo posible. Víbora soy por decirte lo que pienso y perder ocasionalmente los nervios cuando parece que todo lo que digo son idioteces, por decirte mi opinión de las mejores maneras posibles y por tratar de hacerte un poquito menos frío. Egoísta por querer que compartamos momentos con los pocos miembros de mi familia a los cuales tengo aprecio, y que esto sea juntos, al igual que yo lo hago con todo el amor del mundo aunque haya ocasiones en que me sienta de menos o no sepa actuar. Sé que cometo muchos errores y te pido disculpas por ellos, del mismo modo que te ruego que me perdones mis arrepentimientos por ellos, mis ilusiones de estar contigo y crecer juntos, mis ganas de abrazarte, mis faltas de autoestima, mi mal humor, mi desorden, mi esfuerzo por corregirlo, los fallos que intento no cometer y mi forma de ser, en definitiva, todo aquello que te cansa de mi. Hay ocasiones en que me dices que me vuelvo excesivamente agotadora pidiéndote demostraciones o palabras bonitas cuando sé de sobra los sentimientos que tienes hacia mi. Pues bien, aquí tienes los motivos por los cuales yo puedo dudar. Con esto no quiero desprestigiar los detalles, pocos pero importantes, que en ocasiones tienes. El problema está en que cuando tu forma de ser deja tanto que desear, todas esas muestras de cariño acaban siendo desplazadas. Echo la vista atrás a hace más de dos años, y no veo rastro de mi. He cambiado mucho, y la mayor parte de estas modificaciones las has llevado a cabo tú. Y ahora bien, ¿y tú? ¿Has mejorado algo de lo que tantas veces te he pedido?
Pero discúlpame, soy yo la que no te entiende, mi frustación, por lo que parece, no tiene justificación.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Game over.

Colapsé, llegué a mi límite como hacía mucho que no me pasaba. El nivel de agobio que tengo es tal que no me siento ni con la capacidad de lograr los objetivos que me puse, sinceramente y aunque me horrorice reconocerlo, ahora mismo lo único que quiero es tirar la toalla, mandarlo todo a la mierda, terminar con esos sueños locos que me traen de cabeza y dedicarme a lo que aparezca, rondar de lado a lado amoldándome a lo que me ofrezcan. Vida infeliz pero sencilla. No me siento capaz de seguir adelante porque no creo que sea apta para ello, siempre fallo, siempre caigo y pocas veces cumplo con las expectativas que me cuelgan. No voy a engañar a nadie, no soy tanto como intento aparentar ni consigo agradar a quien más me importa, frustración que me carcome internamente como si del más puro ácido se tratase. Creo que no hay sensación peor que sentir que no eres suficiente ni para ti ni para las personas que quieres, que no eres valida para satisfacer los requerimientos básicos que toda persona socialmente sana necesita. Reconozco que todas las carencias y dolencias pasadas siempre me van a pasar factura, y que mi autoestima nunca va a volver a ser lo que era, pero si quien más ha aportado a su recuperación desaparece de manera progresiva parece que la cicatriz se vuelve a avivar. Tonta de mí que permití que alguien pudiese hacerme daño, de mala persona por mi parte intentar cargar a nadie con la procesión que acarreo a mis espaldas. No necesito ni besos, ni abrazos ni caricias constantes, eso no determina el cariño, lo hacen las palabras, los actos, las miradas y los detalles, esas peculiaridades que te recuerdan porqué elegiste seguir ese camino y porqué no te vas a desviar del mismo en lo que te queda de vida. Volveré a parecer una estúpida, pero lo que más me duele es que siempre he querido hacerle feliz y siento que jamás lo voy a conseguir porque tengo esa sensación de que no voy a poder ser quién quiere que sea, ni actuar como pretende que lo haga ni pensar como desea que piense. Seré impulsiva, testaruda, pesimista y cualquier adjetivo que me quieran sumar a la lista, pero soy muy sentida y todo lo que hago, lo hago de corazón.
No quiero continuar así puesto que no encuentro fuerzas para luchar, pero hay algo en lo más profundo de mi ser que no me deja parar. Solo pido que lo que tenga que ser, sea, y lo que tenga que venir o irse, que lo haga, pero que no siga dando vueltas a mi alrededor sin saber que se avecina. Hay veces adelantarse a los hechos sirve de buena barrera.