domingo, 2 de octubre de 2016

Desahogo

Necesito un respiro. Que me escuche quien quiera, no hablo para nadie específico, me expreso por necesidad. No se ni en quien contar y sinceramente en estos momentos lo que menos quiero en contar a cualquiera cual mierda me siento. Extraño en mi, siempre me ha gustado apoyarme en la gente. Serán los errores que me han dejado huella. Será mi cabeza que ya no quiere pensar más ni dar más explicaciones. El nivel de colapso que experimento ya ha llegado a unos límites insospechables: o lo suelto o reviento, y no lo digo en broma. Lo perdí todo y, aunque algo debo haber hecho para que esto sea así, creo que no me lo merezco. Se que esto tendría que haberlo soltado cuando se hablaron las cosas, se que tendría que haber dicho todo lo que pienso pero fue tan sincero, y tan claro, que ni siquiera me salieron las palabras. Estoy triste, de verdad, extremadamente triste. He perdido a mi mano derecha, a mi hombro favorito, a mi media naranja y a mi luz entera. De verdad que ya he tenido rupturas antes, pero ninguna como esta. Quieras que no, anteriormente yo sabía que me lo estaba buscando pero esta vez no, no puedo sentirme culpable, me siento víctima. Una parte de mi, esa que habla directamente desde el corazón me regaña, me echa en cara que si yo no hubiese reaccionado así, si no me hubiese puesto a la defensiva o hubiera sido algo más comprensiva esto no estaría pasando. En pocas palabras, si hubiera cedido desde un primer momento yo ahora no estaría sola porque así es, he perdido a lo único que me ha estado apoyando en todo momento. No es un vacío físico lo que siento, porque he estado mucho tiempo quizás sin tenerle físicamente, es un vacío emocional. Se que puedo contar con él, pero no me sale porque es cuando entra en juego mi parte racional, esa que me dice que si las cosas han estallado de esta manera por una idiotez es que estábamos destinados a esto, y es entonces cuando me inunda la rabia, rabia por no darme cuenta de que no es problema mío sino problema suyo. La cuestión es que se ha cansado de mi como muchas otras veces la gente se ha ido cansando, y simplemente me ha desechado. Creo que he aguantado miles de actitudes que no eran las que correspondían, que he aceptado errores y comportamientos que muchos no aceptarían, que he cedido cuando era imposible ceder y que, aunque muchas veces he fallado, me he comportado siempre pensando en los dos. Yo también me he agobiado, yo también he estado a punto de mandarlo todo a la mierda, yo también he sentido que necesitábamos espacio. La diferencia entre tu y yo es que siempre aparecía de nuevo mi yo interno, ese que me decía que el amor que sentía por ti era mucho más importante que cualquier diferencia, y que la mejor manera de pasar esto era juntos. Que bonito eran las cosas cuando yo siempre cedía. Y de repente la cagas, cometes un error, y yo, orgullosa, te lo digo, al igual que tu siempre me echabas en cara cada fallo o cada acto que a ti no te he gustado. Yo 1, tú 10000. Que ilusa de mi al pensar que te darías cuenta de tu fallo. Siempre lo diré y no habrá nada que me haga cambiar de opinión: es tu orgullo el que ha hecho que esto termine, no yo. Porque eres tan orgulloso, que tan solo herir tu orgullo una mínima parte te corroe y no eres capaz de soportarlo. Y darte cuenta de que fallaste y de que yo me enfadaba por ello era herir demasiado a tu orgullo así que qué mejor que mandarlo todo a la mierda, decir que estoy agobiado y recaer sobre mí un peso que no me merezco. Tú te sentirás una basura pero nada comparado a como me siento yo. Seré gilipollas, lo se, pero la culpa me ahoga. Te quiero, y te quiero como jamás he querido a nadie. Pero también me quiero a mi y no puedo soportar algo así. Es humillante que yo te quiera más de lo que tu me quieres a mi. Si, en ese juego gane yo y no lo puedes negar. Porque yo he aguantado mucho, porque siempre he pensado que todo problema tenía solución, pero tú te has ido por el camino fácil, Querría odiarte, pero no puedo. Y quiero que vuelvas, como sea, eso dice mi corazón, pero esto no puede pasar desapercibido. Ya lo sabías de antaño, a mi las heridas me hacen fría y cuesta mucho volver a templarme. No puedo esperar eternamente a que la mente inmadura que tienes a veces decida que quiere hacer, si vivir la vida loca o mantener lo que hasta entonces ha tenido, a aquella persona que no te abandonó jamás. Vuelve, pero vuelve bien: enamórame de nuevo, consigue que vuelva a ser yo, arrepiéntete y solo si me conoces y me quieres lo suficiente, sabrás hacerlo. No se que pasará mientras, no se que será de nosotros ni se si nuestras vidas se volverán a cruzar. Pero como últimas palabras decirte que no me olvides, yo no lo haré.

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