viernes, 28 de octubre de 2016
Retorno de nuevo, vuelvo a caer. Así constantemente, sin poderlo evitar. No me considero débil pero si vulnerable con esta actitud. Frágil. Expuesta. Si en estos momentos quisiesen hundirme resultaría extremadamente sencillo. Confío en que no lo hagan. Tengo fe en que no se aprovechen de esta buena voluntad. Bueno, digamos que mantengo la esperanza de que no me vendan de una manera tan ruin. La palabra "confianza" ha abandonado su significado en mi cerebro, por lo que me referiré a ello tan solo para denominar algo de lo que ahora mismo mucha gente carece, no como una virtud. Es lo que ocurre cuando te traicionan, que huyes, que te cierras, te escondes en ti misma. Como un mismísimo tempano de hielo, tan fría que no haya quién te descongele. Consecuencias de no pensar antes de actuar. Pero bueno, a lo hecho, pecho. No vale de nada arrepentirse cuando ya es tarde, solo vale enmendar el error. Y ahora llego yo, que a pesar de todo, me mantengo firme cuando debería huir. Y recaigo, como si de una adicción maldita se tratase. No hay tratamiento. No hay cura. Solo se que podría vivir sin ello pero no lo soportaría, la droga más letal: el amor. Y así es como, de un día para otro, vuelvo a recuperar algo que creía perdido, cuando aparece un rayo de luz, una esperanza. Una sonrisa. Una caricia. Un simple gesto que me ilumina el alma. Soy tan variable que podría volver loco a cualquiera. A mi misma. Al mundo entero. Me gusta esta sensación de que lo luchado da sus logros y, aunque me cuesta menos escribir cuando mi corazón está hundido, me emociona cuando lo hago con estas ansias. Es muy simple mostrar la tristeza y transmitirla pero muy complicado definir a la perfección un completo estado de bienestar mental. Digamos mejor una felicidad transitoria propia de una mente retorcida y poco cuerda. Un bienestar personal, propio, único. Y joder, que feliz soy cuando le dedico unas palabras teniéndole a tan solo unos palmos de distancia. Qué alegría poder describir las mil y una maravillas que siento cuando le siento sonreír a mi lado, cuando puedo escucharle quejarse al mismo tiempo. Somos sin ser nada, unidos por un filo hilo que ninguno de los dos entenderemos jamás, una especie de conexión que me remite a él una y otra vez. Como los polos opuestos de un imán: inseparables. Maldita confusión. que bipolar me tienes. No se ni como estamos ni que somos, un ni contigo ni sin ti, a medias, como nos plazca, sin reglas. Párame los pies pero sin cortarme las alas. Haz que pueda volver a caminar el línea recta y deje de retroceder continuamente, pero no permitas que pare. Qué ideas, que complicado decidir, pero que bonito es mirarte cuando te enfadas, como me gustan tus ojos, penetrantes, míos, le pese a quien le pese. Aunque no queramos. O sí. Quien sabe, solo el tiempo lo podrá decidir.
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