Las despedidas siempre son duras. Ese fin del verano que tanto nos angustia, la parte final de nuestro helado favorito, el último día de nuestro mejor viaje. Cuesta despedirnos por unas horas, por unos días y por supuesto, por toda una vida. Y también cuesta en función del carácter que tengamos, de lo apreciásemos lo que se va o del esfuerzo con el que lo quisimos retener. Y volvemos al dolor, aquello de lo que nunca me olvido y que tanto le gusta resurgir. No se quien soy, no se que quiero y no se que hacer. Lo que para cualquier persona sería un simple golpe para mi es un hachazo directo al corazón. No controlo las emociones, pero a decir verdad, no controlo nada. Y todo lo que presagiaba al final se cumplió. Parece ser que yo no he nacido para estar con quien quiero y cuando quiero. Quizás porque ni yo misma me quiero. Quizás porque no consigo mantener nada. Error tras error, lección tras lección, pero lecciones que se me acumulan y de las cuales ya ni aprendo. Se convierten en piedras que no me dejan avanzar y que cuesta mucho sortear. Muchas cosas que asimilar en un periodo de tiempo demasiado breve, una cuesta demasiado larga y demasiado empinada. No doy más de mi. Y ahora si, ese karma que tan poco me aprecia debe de estar feliz. Lo perdí todo casi sin darme cuenta. Perdí hasta lo mas preciado de mi misma, lo que tanto me costó conseguir. Amor. Fui afortunada de haber podido pasar una experiencia así. Creo que han sido casi los dos mejores años de mi vida. Era la primera vez que me miraba al espejo y me veía humana, me sentía querida. Nadie antes pudo despertar aquel alma que ahora tanto se oscurece. Dos años a base de palabras, de caricias, de noches y de mañanas, de lagrimas y de sonrisas, y como todo lo bueno, de despedidas, siendo siempre peor la última. No puedo negar que no me este muriendo del dolor. Duele saber que aquello que te dio el empuje para conseguir lo que ahora soy no esté, cuando yo querría haberle tenido toda mi vida. Me dijo una vez que él era muy tonto pero no tanto como para dejar escapar a alguien como yo. No te culpo, yo si fuese tu hubiese volado mucho antes. Me quedo con lo vivido y con lo aprendido. Podría decir ahora mismo mil cosas pero se que no las haría. Necesito recuperarme y necesito tiempo para ello. Me vuelvo fría por momentos y no quiero. No quiero desperdiciar todo lo logrado, tengo que sacar fuerza de voluntad de donde pueda. Pero me venderé ligeramente, diciendo que no me importaría que fueses egoísta, o que mataría por una última noche. Secretos inconfesables dichos a voces, pero deseos inalcanzables. Tan solo me queda agradecer una y otra vez lo que has conseguido hacer conmigo. Siempre lo dije, una persona que me conozca bien será capaz de hundirme cuando quiera. Y ahora me hundí yo por perderte a ti, pero se que no me hundirías por maldad. Se que tengo un cofre de confesiones que nunca saldrán a la luz porque tu no lo permitirás, en eso siempre he confiado en ti.
Se acabó alargar las cosas. Siempre estarás conmigo, no lo olvides, me has dejado una huella demasiado grande, has sido la suerte de mi vida. Te quiero,
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