PD: no puede faltar la mención a mi momento-inspiración.
lunes, 10 de octubre de 2016
Memories.
Momento de manta, sofá y amor. Horas donde todo aflora, cuando mis dedos no pueden parar quietos sobre las teclas del ordenador. El remedio a toda enfermedad. El remedio a toda carencia. Y así es como el tiempo pasa, segundos, minutos, horas, y millones de reflexiones acentuadas por esa canción que de repente entiendes a la perfección, por ese gesto que tan familiar te resulta, un efecto deja vù que te hace sonreír como un idiota. Pasa que aunque no queramos, todos somos humanos, todos amamos, hasta el más frío. Y es algo que jamás se olvida, que siempre se lleva dentro. Además, puedo asegurar que por mucho que te empeñes en olvidar algo, con más fuerza aún volverá a aparecer. Podemos decir que esto es un efecto que se produce cuando nuestra cabeza y nuestro corazón chocan: queremos olvidar cosas que tenemos grabadas a fuego en un sitio de donde nunca saldrán. Iluso aquel que crea que conseguirá vencer esa barrera, estúpido aquel que crea que es malo recordar. Como he dicho tantas veces, no hay errores que valgan siempre y cuando veamos la moraleja de estos, y cuando no es un error, si no la mejor experiencia de tu vida, ¿quién querría olvidar todo esto a pesar de los errores que en esa historia hayas cometido? Se juntan la felicidad de lo vivido con las lecciones aprendidas, sin duda alguna el mejor remedio que existe a un recuerdo que a veces puede ser doloroso. Dejemos de auto-dañarnos pensando en el qué pudo ser cuando podemos reflexionar sobre todo aquello que si fue. ¿Por qué llorar por lo que se perdió pudiendo cerrar los ojos y recordar lo que si se vivió intensamente? Aquel amor fugaz y pasajero, aquel fascinante viaje, ese caluroso abrazo, los reencuentros después de años, el primer vistazo a esa pequeña nueva vida que llega a este mundo, las risas en familia, las largas historias que, como todo lo bueno, llegaron a su fin. Por qué quejarse de que fue corto o breve, por qué no dejar de llorar pensando en que podrían haber sido días y no años, por qué desesperarse pensando en la situación en que ese ser llega al mundo o lamentar que falten sonrisas en ese esperado reencuentro familiar cuando tu propia cabeza puede recrear aquellas que falten y, a la vez, disfrutar de las nuevas. Si fueron así fue porque el destino así lo quiso, quizás porque representa que se avecine algo aún mejor, o porque es en ese preciso momento cuando deben llegar, o cuando deben irse. No desistamos en llegar a la cima por muchos obstáculos o caídas que encontremos en el camino, porque todo lo que nos hace caer nos puede servir para fortalecernos y apreciar todo lo bueno que nos da la vida. No lamentemos lo perdido: puede ser que signifique que llegue algo que, a lo mínimo, lo iguale, o que vuelva posteriormente en su máximo esplendor. Vivamos el día a día. fotografiando cada instante en nuestra cabeza y disfrutándolo en su totalidad. No sirve de nada lamentarse después.
PD: no puede faltar la mención a mi momento-inspiración.
PD: no puede faltar la mención a mi momento-inspiración.
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