Puede que me esté volviendo loca, y si no, es cuestión de tiempo
jueves, 27 de octubre de 2016
Tras una semana he llegado a una conclusión: estoy atada de pies y manos. A veces creo que me he metido directa en la boca del lobo. Otras me veo en el mismísimo paraíso. Qué difícil es decidir que hacer, qué decir, cómo actuar. Qué complicado es ser tú cuando no te encuentras, cuando ya no sabes ni quién eres. Mi esencia vaga perdida en un cúmulo de sentimientos que no saben donde atracar. Estoy perdida, estoy hundida. Siempre he seguido los dictados de mi corazón pero mi cabeza, mi sentido común, me han dicho que basta ya, que no lo soportan más. No quiero sentirme así, he conseguido ser fuerte todo este tiempo, pero siento que esto me supera. Estoy luchando yo sola cuando la batalla no tendría que librarla yo, y solo me veo patética. No entiendo porque sigo jugando a esto, porque me empeño en seguir adelante con ello. No veo luz al final del camino, no estoy siendo correspondida. Ya debería estar acostumbrada a ello, pero creo que nadie en este planeta sería capaz nunca de aceptar cosas así. Y nadie sería capaz de aguantar lo que aguanto yo. Nadie perdonaría lo que yo estoy perdonando, nadie toleraría lo que estoy tolerando, ni aceptarían lo que estoy aceptando, ni le querrían como yo le quiero. Se que este es el motivo que tantas fuerzas me da para continuar, el único y verdadero motivo. Pero cada día que pasa otras razones se interponen en el camino y no veo en él actitudes que me hagan olvidar los obstáculos. He pensado en desistir, en hacer mi vida y confiar en que si me quiere, volverá. El problema está en que cada vez confío menos en su amor hacia mi y más en su orgullo, y finalmente acabo asumiendo que si me rindo, le perderé para siempre. No es justo, lo se, y me da rabia. No puedo ser mala con él y se que debería, pero cualquier error significaría decirle adiós y no quiero, no puedo. ¿Pero realmente me merezco esto? ¿Me vale la pena estar así cuando no veo que quieran estar conmigo? Si por su orgullo me perdiese, ¿acaso tendría que sufrir yo por ello? Porque si prefiere anteponer su ego a lo que siente no vale nada, absolutamente nada, sinceramente sería la persona más fría y sin corazón que existiese. Y puedo asegurar que él, con el tiempo, lamentaría más la perdida que yo, porque absolutamente nadie le va a querer ni le va a aguantar lo que yo le he querido y le he aguantado, y lo que le querría y le aguantaría. Me enamoré de una persona que ya no reconozco, este no es mi pilar. Está perdiendo ese carácter y esa actitud que tan bien le definía y tan especial le hacia. Quiero que reaccione, quiero que se de cuenta de una maldita vez y quiero que lo haga ya, no voy a poder soportarlo mucho tiempo más. Tengo que quererme a mi misma, yo estoy por encima de cualquiera y mi propio bienestar es primordial. Le amo, le quiero con toda mi alma y con todo mi ser y no quiero renunciar a él. Pero tampoco puedo permitir que me dejen de valorar, no puedo arrastrarme tanto cuando yo no debería, cuando esto no me lo he cargado yo. Mi paciencia se agota y mi corazón se enfría poco a poco, y cuando sea un témpano de hielo nunca más dejaría que se acercase, por mucho que me doliese. Yo perdono y olvido si veo sacrificio, tengo que asumir que si no lo hay es que no me merece. Quiero admitir eso pero solo pensarlo me destroza, aunque si esto continúa así no voy a tener más remedio, porque una vez que mi paciencia se agote estallaré, y ya no habrá retorno. La impotencia que tengo me supera y se convierte en una rabia cada vez más intensa. No solo soy la tonta que va detrás de una persona que no se lo merece, si no que encima soy la mala. Vienen conmigo de buenas queriendo ayudarme y solo meten más mierda. Como reina la hipocresía y la palabrería cuando conviene, que bien queda dejar mal a la gente a las espaldas cuando de primeras te vuelcas a apoyarle. Estoy harta de que se metan en mi vida, en mis relaciones y en mis amistades. Y, para no variar, si no hay confianza todo se te echa encima.
lunes, 17 de octubre de 2016
Soy un completo caos de persona. Podrían confundirme con una persona poco cuerda. Qué locura, ¿verdad? Bueno, en verdad no tanto. No me aclaro, estoy muy confundida. Para ser claros, tengo mi ser dividido, a ambos componentes de mi alma sin decidirse, enfrentados. ¿Razón o corazón? ¿Cuál será la mejor opción? ¿Qué debería elegir? Creo que todo mi mundo está patas arriba, nada es lo que era hace unos meses. Comenzaré desde el principio aunque no sea fácil, y no hay palabra que defina mejor este principio que "decepción". No hay peor golpe que ver como aquella persona en quien confiabas plenamente no solo te falla, si no que te destruye. Entregué mi corazón a alguien sin darme cuenta y me ha lanzado una estaca directa. Realmente doloroso. Ves como en cuestión de unos segundos todo lo que hasta entonces creías se va a la mierda sin saber el porqué. Un desliz, una mala decisión. Todos nos dejamos llevar en algún momento de nuestra vida, eso es cierto, yo siempre he sido una persona que se dejaba guiar y hacía lo que en ese momento se le planteaba. Hasta que le conocí. Hasta que me pararon los píes. Hasta que me centraron. Entonces empecé a ver que cada una de mis acciones podían perjudicar a alguien que me importaba demasiado. Y cambie, me controlé, me valoré y respeté. Y después de lograr en mi un cambio que nadie creería capaz y de enseñarme lo importante que es la lealtad, quién menos me esperaba me traiciona. No reaccionas, no actúas, no razonas. Solo asientes, sin saber que hacer. Y ahí entra el gran dilema entre lo que sientes y lo que deberías hacer. Y sin darme cuenta mi corazón hablaba por sí solo, expresaba lo que quería. No sé porqué, o quizás sí, pero no lo voy a decir, es mi secreto. Una parte de mí, esa que aún conserva un mínimo de cordura y coherencia me decía que huyese, que me alejase, que no podía permitir que absolutamente nadie me faltase más el respeto. Bastante daño me hicieron ya. No me merecía más. Pero una pequeña pero fuerte parte de mí me decía que escuchase al amor que siento y que padezco. Tonta de mí dirán algunos. Dicen que el amor duele a veces, que es difícil, pero es lo único que nos hace sentir vivos. Y yo sentía. Y sigo sintiendo a pesar de todo. Me doy cuenta de que en parte no he cambiado tanto, porque por mucha madurez y mucha responsabilidad que me venga, siempre actúo con el corazón. No se si eso es bueno o malo, pero no me arrepiento. Así que quiero vivir, quiero aceptar todo lo que venga y quiero perdonar, y quiero y deseo con todas mis fuerzas que luchen por mí. Porque se que valgo, porque se quien soy y porque se que como le miro, como le aprecio, como le admiro, como le puedo llegar a ayudar y por último, y no más importante, como le quiero yo, no lo va a hacer nadie. En otras circunstancias se que no habría aguantado. Pero no puedes echar de tu vida fácilmente a una persona que tanto te ha dado en tan poco tiempo. Todos cometemos errores, hasta aquel que se considere perfecto. Y todos tenemos derecho a ser perdonados, todos merecemos poder arrepentirnos de nuestros errores. Todo depende de que de verdad haya arrepentimiento, de que se valore lo vivido, de que se quiera empezar de cero, pero con una buena base. Seré idiota por pensar así, pero me he dado cuenta que siendo así soy feliz, porque así soy yo. Leí una vez algo muy cierto. Decía asi: "Antes pensaba que cuando la gente se enamoraba, aterrizaban donde aterrizaban y después no tenían más elección en el asunto. Y puede que sea cierto al principio pero no lo es después, ahora. Y con el tiempo, sin que me lo digan, sé como funciona en verdad el amor cuando es de verdad, te convierte en algo mejor, en más de lo que creías poder llegar a ser. Y todo se basa en lo que sentimos el uno por el otro, y de igual manera, en el perdón. Por tanto, si todavía estás interesado, también tendrás que perdonarme una y otra vez. Así que la clave esta en el perdón. Lo que de verdad debería estar intentando averiguar es si todavía somos buenos el uno para el otro." Y creo que no hay texto que pueda definir mejor lo que siento.
Benditos libros, todo lo que me habréis aportado.
PD: la cita corresponde con fragmentos de "Leal", saga Divergente, Veronica Roth.
Benditos libros, todo lo que me habréis aportado.
PD: la cita corresponde con fragmentos de "Leal", saga Divergente, Veronica Roth.
jueves, 13 de octubre de 2016
Últimamente tengo los sentimientos revolucionados. Soy una pequeña montaña rusa. Humor arriba, humor abajo, caigo, subo y ¡plof!, de nuevo al suelo. No se si nadie podría aguantarme así constantemente, por eso no me muestro. Normalmente siempre estoy arriba, nadie me ve caer. Caigo yo sola cuando me centro en mi mundo, cuando puedo darle vueltas a la cabeza. Y entonces decido evadirme, para volver a subir. No me gusta estar abajo, es muy turbio, como una pesadilla, como mi peor pesadilla. Pero quizás esa tristeza ocasional es la que me impulsa a subir con aún más fuerza y me he dado cuenta que esto ocurre cada vez que dejo mis emociones de lado, Ahora entiendo a las personas frías, cuando yo empiezo a formar mi propia coraza. Te sientes protegido si no muestras bien quien eres, y cuando eres una persona insegura como yo, no hay mejor escudo. Creo que no es de ser débil mostrar como te sientes en cada momento, pero si te vuelve más vulnerable, por lo que, a decir verdad, aquellas personas que muestran siempre libremente como son, en mi sincera opinión, las personas más valientes. Y yo, bueno, no se ni que soy. Me gusta mostrarme tal cual soy, pero me da cada vez más miedo. Soy dura, muy dura, pero a la vez muy frágil, es decir, solo quien me conoce me puede destruir y, a la vez, solo quien me conoce me puede ayudar a levantarme. Pero si no dejo que me conozcan me evito la caída, y en estos momentos parece que mi cabeza lo prefiere así. Yo misma me pregunto diariamente que necesito para estabilizarme pero ni siquiera yo lo se. Siempre he sido un torbellino pero siempre me han sabido parar, quizás es que no encuentro el freno, quizás no quiero utilizarlo, ni yo lo sé. Lo único que puedo afirmar es que me voy a dejar llevar, y lo que tenga que ser será. Y si alguien me quiere parar, que me pare. Y si alguien sabe que me pasa que me lo diga, me haría un gran favor. Pero que lo haga bien y que lo sepa bien. No cualquiera penetra en mi recién estrenado escudo. Y quien lo haga es que, en verdad, no me puede conocer mejor.
lunes, 10 de octubre de 2016
Memories.
Momento de manta, sofá y amor. Horas donde todo aflora, cuando mis dedos no pueden parar quietos sobre las teclas del ordenador. El remedio a toda enfermedad. El remedio a toda carencia. Y así es como el tiempo pasa, segundos, minutos, horas, y millones de reflexiones acentuadas por esa canción que de repente entiendes a la perfección, por ese gesto que tan familiar te resulta, un efecto deja vù que te hace sonreír como un idiota. Pasa que aunque no queramos, todos somos humanos, todos amamos, hasta el más frío. Y es algo que jamás se olvida, que siempre se lleva dentro. Además, puedo asegurar que por mucho que te empeñes en olvidar algo, con más fuerza aún volverá a aparecer. Podemos decir que esto es un efecto que se produce cuando nuestra cabeza y nuestro corazón chocan: queremos olvidar cosas que tenemos grabadas a fuego en un sitio de donde nunca saldrán. Iluso aquel que crea que conseguirá vencer esa barrera, estúpido aquel que crea que es malo recordar. Como he dicho tantas veces, no hay errores que valgan siempre y cuando veamos la moraleja de estos, y cuando no es un error, si no la mejor experiencia de tu vida, ¿quién querría olvidar todo esto a pesar de los errores que en esa historia hayas cometido? Se juntan la felicidad de lo vivido con las lecciones aprendidas, sin duda alguna el mejor remedio que existe a un recuerdo que a veces puede ser doloroso. Dejemos de auto-dañarnos pensando en el qué pudo ser cuando podemos reflexionar sobre todo aquello que si fue. ¿Por qué llorar por lo que se perdió pudiendo cerrar los ojos y recordar lo que si se vivió intensamente? Aquel amor fugaz y pasajero, aquel fascinante viaje, ese caluroso abrazo, los reencuentros después de años, el primer vistazo a esa pequeña nueva vida que llega a este mundo, las risas en familia, las largas historias que, como todo lo bueno, llegaron a su fin. Por qué quejarse de que fue corto o breve, por qué no dejar de llorar pensando en que podrían haber sido días y no años, por qué desesperarse pensando en la situación en que ese ser llega al mundo o lamentar que falten sonrisas en ese esperado reencuentro familiar cuando tu propia cabeza puede recrear aquellas que falten y, a la vez, disfrutar de las nuevas. Si fueron así fue porque el destino así lo quiso, quizás porque representa que se avecine algo aún mejor, o porque es en ese preciso momento cuando deben llegar, o cuando deben irse. No desistamos en llegar a la cima por muchos obstáculos o caídas que encontremos en el camino, porque todo lo que nos hace caer nos puede servir para fortalecernos y apreciar todo lo bueno que nos da la vida. No lamentemos lo perdido: puede ser que signifique que llegue algo que, a lo mínimo, lo iguale, o que vuelva posteriormente en su máximo esplendor. Vivamos el día a día. fotografiando cada instante en nuestra cabeza y disfrutándolo en su totalidad. No sirve de nada lamentarse después.
PD: no puede faltar la mención a mi momento-inspiración.
PD: no puede faltar la mención a mi momento-inspiración.
sábado, 8 de octubre de 2016
Las despedidas siempre son duras. Ese fin del verano que tanto nos angustia, la parte final de nuestro helado favorito, el último día de nuestro mejor viaje. Cuesta despedirnos por unas horas, por unos días y por supuesto, por toda una vida. Y también cuesta en función del carácter que tengamos, de lo apreciásemos lo que se va o del esfuerzo con el que lo quisimos retener. Y volvemos al dolor, aquello de lo que nunca me olvido y que tanto le gusta resurgir. No se quien soy, no se que quiero y no se que hacer. Lo que para cualquier persona sería un simple golpe para mi es un hachazo directo al corazón. No controlo las emociones, pero a decir verdad, no controlo nada. Y todo lo que presagiaba al final se cumplió. Parece ser que yo no he nacido para estar con quien quiero y cuando quiero. Quizás porque ni yo misma me quiero. Quizás porque no consigo mantener nada. Error tras error, lección tras lección, pero lecciones que se me acumulan y de las cuales ya ni aprendo. Se convierten en piedras que no me dejan avanzar y que cuesta mucho sortear. Muchas cosas que asimilar en un periodo de tiempo demasiado breve, una cuesta demasiado larga y demasiado empinada. No doy más de mi. Y ahora si, ese karma que tan poco me aprecia debe de estar feliz. Lo perdí todo casi sin darme cuenta. Perdí hasta lo mas preciado de mi misma, lo que tanto me costó conseguir. Amor. Fui afortunada de haber podido pasar una experiencia así. Creo que han sido casi los dos mejores años de mi vida. Era la primera vez que me miraba al espejo y me veía humana, me sentía querida. Nadie antes pudo despertar aquel alma que ahora tanto se oscurece. Dos años a base de palabras, de caricias, de noches y de mañanas, de lagrimas y de sonrisas, y como todo lo bueno, de despedidas, siendo siempre peor la última. No puedo negar que no me este muriendo del dolor. Duele saber que aquello que te dio el empuje para conseguir lo que ahora soy no esté, cuando yo querría haberle tenido toda mi vida. Me dijo una vez que él era muy tonto pero no tanto como para dejar escapar a alguien como yo. No te culpo, yo si fuese tu hubiese volado mucho antes. Me quedo con lo vivido y con lo aprendido. Podría decir ahora mismo mil cosas pero se que no las haría. Necesito recuperarme y necesito tiempo para ello. Me vuelvo fría por momentos y no quiero. No quiero desperdiciar todo lo logrado, tengo que sacar fuerza de voluntad de donde pueda. Pero me venderé ligeramente, diciendo que no me importaría que fueses egoísta, o que mataría por una última noche. Secretos inconfesables dichos a voces, pero deseos inalcanzables. Tan solo me queda agradecer una y otra vez lo que has conseguido hacer conmigo. Siempre lo dije, una persona que me conozca bien será capaz de hundirme cuando quiera. Y ahora me hundí yo por perderte a ti, pero se que no me hundirías por maldad. Se que tengo un cofre de confesiones que nunca saldrán a la luz porque tu no lo permitirás, en eso siempre he confiado en ti.
Se acabó alargar las cosas. Siempre estarás conmigo, no lo olvides, me has dejado una huella demasiado grande, has sido la suerte de mi vida. Te quiero,
Se acabó alargar las cosas. Siempre estarás conmigo, no lo olvides, me has dejado una huella demasiado grande, has sido la suerte de mi vida. Te quiero,
domingo, 2 de octubre de 2016
Desahogo
Necesito un respiro. Que me escuche quien quiera, no hablo para nadie específico, me expreso por necesidad. No se ni en quien contar y sinceramente en estos momentos lo que menos quiero en contar a cualquiera cual mierda me siento. Extraño en mi, siempre me ha gustado apoyarme en la gente. Serán los errores que me han dejado huella. Será mi cabeza que ya no quiere pensar más ni dar más explicaciones. El nivel de colapso que experimento ya ha llegado a unos límites insospechables: o lo suelto o reviento, y no lo digo en broma. Lo perdí todo y, aunque algo debo haber hecho para que esto sea así, creo que no me lo merezco. Se que esto tendría que haberlo soltado cuando se hablaron las cosas, se que tendría que haber dicho todo lo que pienso pero fue tan sincero, y tan claro, que ni siquiera me salieron las palabras. Estoy triste, de verdad, extremadamente triste. He perdido a mi mano derecha, a mi hombro favorito, a mi media naranja y a mi luz entera. De verdad que ya he tenido rupturas antes, pero ninguna como esta. Quieras que no, anteriormente yo sabía que me lo estaba buscando pero esta vez no, no puedo sentirme culpable, me siento víctima. Una parte de mi, esa que habla directamente desde el corazón me regaña, me echa en cara que si yo no hubiese reaccionado así, si no me hubiese puesto a la defensiva o hubiera sido algo más comprensiva esto no estaría pasando. En pocas palabras, si hubiera cedido desde un primer momento yo ahora no estaría sola porque así es, he perdido a lo único que me ha estado apoyando en todo momento. No es un vacío físico lo que siento, porque he estado mucho tiempo quizás sin tenerle físicamente, es un vacío emocional. Se que puedo contar con él, pero no me sale porque es cuando entra en juego mi parte racional, esa que me dice que si las cosas han estallado de esta manera por una idiotez es que estábamos destinados a esto, y es entonces cuando me inunda la rabia, rabia por no darme cuenta de que no es problema mío sino problema suyo. La cuestión es que se ha cansado de mi como muchas otras veces la gente se ha ido cansando, y simplemente me ha desechado. Creo que he aguantado miles de actitudes que no eran las que correspondían, que he aceptado errores y comportamientos que muchos no aceptarían, que he cedido cuando era imposible ceder y que, aunque muchas veces he fallado, me he comportado siempre pensando en los dos. Yo también me he agobiado, yo también he estado a punto de mandarlo todo a la mierda, yo también he sentido que necesitábamos espacio. La diferencia entre tu y yo es que siempre aparecía de nuevo mi yo interno, ese que me decía que el amor que sentía por ti era mucho más importante que cualquier diferencia, y que la mejor manera de pasar esto era juntos. Que bonito eran las cosas cuando yo siempre cedía. Y de repente la cagas, cometes un error, y yo, orgullosa, te lo digo, al igual que tu siempre me echabas en cara cada fallo o cada acto que a ti no te he gustado. Yo 1, tú 10000. Que ilusa de mi al pensar que te darías cuenta de tu fallo. Siempre lo diré y no habrá nada que me haga cambiar de opinión: es tu orgullo el que ha hecho que esto termine, no yo. Porque eres tan orgulloso, que tan solo herir tu orgullo una mínima parte te corroe y no eres capaz de soportarlo. Y darte cuenta de que fallaste y de que yo me enfadaba por ello era herir demasiado a tu orgullo así que qué mejor que mandarlo todo a la mierda, decir que estoy agobiado y recaer sobre mí un peso que no me merezco. Tú te sentirás una basura pero nada comparado a como me siento yo. Seré gilipollas, lo se, pero la culpa me ahoga. Te quiero, y te quiero como jamás he querido a nadie. Pero también me quiero a mi y no puedo soportar algo así. Es humillante que yo te quiera más de lo que tu me quieres a mi. Si, en ese juego gane yo y no lo puedes negar. Porque yo he aguantado mucho, porque siempre he pensado que todo problema tenía solución, pero tú te has ido por el camino fácil, Querría odiarte, pero no puedo. Y quiero que vuelvas, como sea, eso dice mi corazón, pero esto no puede pasar desapercibido. Ya lo sabías de antaño, a mi las heridas me hacen fría y cuesta mucho volver a templarme. No puedo esperar eternamente a que la mente inmadura que tienes a veces decida que quiere hacer, si vivir la vida loca o mantener lo que hasta entonces ha tenido, a aquella persona que no te abandonó jamás. Vuelve, pero vuelve bien: enamórame de nuevo, consigue que vuelva a ser yo, arrepiéntete y solo si me conoces y me quieres lo suficiente, sabrás hacerlo. No se que pasará mientras, no se que será de nosotros ni se si nuestras vidas se volverán a cruzar. Pero como últimas palabras decirte que no me olvides, yo no lo haré.
domingo, 25 de septiembre de 2016
Siempre han dicho que comenzar una nueva etapa es una experiencia increíble: vida, amistades y lugares totalmente extraños, sensaciones novedosas y emociones distintas, aquello con lo que todos soñamos alguna vez, escapar, empezar de cero y rehacer su vida, borrar lo pasado y volver a nacer, pero conservando las lecciones pasadas. Fácil de imaginar, de decir, pero difícil de afrontar. No soy buena para los cambios. A decir verdad soy nefasta, se me vienen tan encima que no se ni por donde canalizarlos y soy puro nervios y estrés. Siempre quise acabar mi adolescencia creyendo que así cerraría un capítulo bastante turbio de mi vida pero nunca creí que se me haría tan complicado empezar algo nuevo manteniendo las únicas cosas buenas. Una parte de mi piensa: "bueno, si no se mantienen es que quizás no fuesen tan buenas, no valiesen realmente la pena y este paso en la vida me ha hecho abrir los ojos". Si, una reflexión maravillosa totalmente lógica pero, ¿y si me duele? Siendo más clara, me siento sola. Todos se han alejado de mi con el mismo propósito que yo, comenzar de cero, sin darse cuenta de que se han olvidado de quien siempre ha estado. Ahora soy la molestia, aquella idea repentina que se les aparece en el cerebro en momentos de aburrimiento o como pensamientos fugaces, es resumidas cuentas, algo insignificante. ¿Para qué acordarse de una cuando ya se tiene todo? Ya no sirvo, ya no les valgo. Jamás reconoceré esto a nadie a menos que ya no pueda más pero verdaderamente no se a quien tengo de verdad. Nunca hago las cosas con maldad, todo lo contrario, intento implicarme con todo el mundo lo máximo posible tan solo con el misero objetivo de que esas personas, que yo aprecio desde lo más profundo de mi alma, sepan que ahí me tienen y que yo a pesar de todo persisto. Pero cuando las cosas malas pasan y el interés se pierde aquí me quedo, sin nadie en quien contar. Todo aquello de lo que he intentado librarme año tras año y que pensé que se iría al cambiar de aires se ha acentuado. No se necesita a una perdedora al lado, cada vez lo tengo más asumido. Son los pensamientos más pesimistas que he tenido jamás pero ya no puedo negarlo más, soy de usar y tirar y por mucho que intente hacer las cosas bien, siempre decepcionare, siempre la cagaré y siempre perderé. Me gustaría cambiar, me gustaría sentirme mejor conmigo misma, ver que consigo lo que me propongo y que hay gente que se alegra por ello pero en estos instantes no me veo con fuerzas ni creo que las tenga en mucho tiempo. Será que no me he acostumbrado, o que no sirvo para esto. O para nada. Cada cual tendrá su propia opinión.
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