miércoles, 19 de diciembre de 2018

Miedo

Hablo más conmigo misma que con la gente que me rodea. Soy la chica de la imaginación brillante y constante, poseída por el afán de ser siempre más de lo que soy. Mantengo un diálogo con mi yo interno de forma rutinaria, como si quisiese encontrar una respuesta a cada pieza de mi ser. Me guardo tanto por no poder expresar mucho, incontinencia mental para tanta retención verbal. Imposibilidad de explicar lo que siento si no soy capaz de poner nombre a mis miedos.
Miedo.
Me posee. Me condiciona. Está detrás de cada uno de mis actos, de mis sentimientos y pensamientos. Es el fantasma del camino, el que me susurra que no lo haga porque será una decepción. Otra más. Miedo de volver a los infiernos.
A fracasar y caer de nuevo. A que me hundan otra vez. He rozado el abismo más veces de las que podría contar. A veces me cuesta incluso recordar el motivo, esclarecer el porqué de todo. Quizás es que no hay una causa ni un motivo concreto, soy yo misma, que me dejo empujar. Puede que el golpe sea demasiado duro, que la tormenta azote con demasiada fuerza. No se es fuerte si las raíces no son firmes, y las mías no tienen ni un solo anclaje entre ellas. Me han roto y me reconstruí, no por un motivo, sino por una necesidad. Esas costuras no son sólidas, todo lo contrario, son frágiles. Es complicado sellar una herida cuando no dejan de tocarla, cuando estas constantemente entre extremos, pidiendo estabilidad.
Miedo a hablar por miedo a la soledad.
Tengo la parábola perfecta y la moraleja adecuada en esta historia. De nada sirve si no se cuenta, lo sé. También sé que no es sencillo abrirte en canal, pues dejas al descubierto zonas de riesgo. El epicentro de un terremoto demoledor, el más alto de cualquier escala. Valiente aquel que grita a todo el mundo el más ferviente de sus secretos, aún sin saber donde están sus enemigos. Temo lo que soy por lo que eso me ha ocasionado en numerosas ocasiones. He sido mala para el mismísimo diablo, aún viviendo en el infierno. La hipocresía ha hecho ricos a muchos porque sepulta la inocencia, el realismo, la empatía y la sana realidad. Y así es como el justo paga por pecador. Así es como se quiebra hasta el más duro material. El poder de las palabras es lo más hiriente de este mundo. Nunca me han agredido de manera física pero me he sentido destruida, rota y malherida. Lo peor es que no se entiende el problema cuando el rasguño no se ve.
Muchos daños para tan pocos años, muchos años de daños para poder librarme de tantos miedos.
El circulo no se rompe, no de momento.
Es necesario librarse de las cadenas. El problema está cuando los eslabones de esa cadena son al mismo tiempo, una parte de mi. Entonces estás en medio de una constante tensión, entre la brisa que tira de ti para liberarte y el huracán en el que creciste.
Me encantaría volar. Desaparecer. Solo me ata mi futuro y ese pedazo de vida que vio lo bonito y puro de mi. Esa parte libre de rencor y pena. Y de nuevo, el miedo.
Miedo a dañar.
Temor de herir a quien no debe pagar los platos rotos de un alma dañada. Es muy sencillo manchar la luz con la oscuridad tan densa que mana de mí. Sin embargo, es extremadamente difícil mantener al margen una realidad que te acompaña de forma diaria, más aún cuando es capaz de ver a través del muro que construyes a diario. Ser inestable desestabiliza tu entorno a menos que este sea inquebrantable y no tengo la total certeza de que el mío sea así. Temo perder lo que quiero de verdad y eso es una realidad. No se si alguien habrá sentido alguna vez esa sensación por mi pero tampoco lo deseo. Quien me respeta y valora de verdad debería saber que nunca me iré, y yo cuando prometo lo hago poniendo la mano en el fuego. Tendría que confiar en la reciprocidad pero cuando hasta las personas que te trajeron a este mundo te fallan cuesta tener fe al 100%. Es el cuento de nunca acabar.  Dejarse caer ciegamente no depende de nadie más que de mi misma. Me gustaría perder el miedo a darme la vuelta y ver que nadie me sigue. Confío en que algún día lo haré y, sobre todo, que todas las personas que dijeron darme la mano sigan regalándome sus caricias.
Por eso ya no me valen las promesas, porque lo único que me demuestra algo es la constancia y la transparencia.
Por eso se que quiero muchos años más.
A veces me gustaría haber tenido una vida normal. Luego pienso en que no estaría donde estoy de no haber hecho este recorrido. Y si bien he pasado y sigo pasando cosas malas, también gané personas más bonitas y relucientes que muchos males.
Solo necesito ver la parte buena de las cosas más a menudo. O siempre, si fuese posible.
Todo pasa, en algún momento. Solo se debe ser paciente y aguantar todo el camino.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Querida navidad: ya es hora de hablar de ti.
Siempre me preguntan por qué no me gustas si eres, como muchos dicen, la época más feliz del año. Pues bien, aunque no te lo creas, de pequeña me encantabas. Empezaba a ilusionarme con ella muchos meses antes y mi gran frustración año tras año era que nunca nevaba porque claro, yo veía esas películas americanas y aquí nunca nevaba. No sabría decirte la de veces que he llorado porque se acababa, en serio, era una de mis mayores penas. Y mírame ahora, llorando porque llegas. 

Para mi solo significas soledad.
Contigo todos mis fantasmas vuelven para recordarme la realidad que vivo.

Me encantaban las navidades porque adoraba estar con mi familia, rodeada de mis primos y tíos y viendo como mis abuelos disfrutaban con nosotros. Siempre era igual, nochebuena en casa con la familia de mamá, nochevieja con la familia de papá. Entonces se murió la abuela poco después de fin de año y no había ganas de seguir con esa costumbre, pero el primo nos unió porque la quería tanto que solo quería honrarla. Pero tras esas navidades en las que él nos reunió a todos, él se fue, porque sí, porque quiero creer que ese era su destino a pesar de su edad, porque si no lo pienso así el mundo me parecería el sitio más cruel del mundo. Y entonces las nocheviejas se rompieron totalmente. Mi familia ya estaba rota pero yo, que era una niña, no lo veía. Pasamos de cenar siempre en fechas especiales acompañados a estar mis hermanos, mis padres y yo, pero bueno, con mi familia materna seguíamos reuniéndonos. Entonces el caos de padres que tengo estallaron y surgieron los conflictos, porque si mi padre no era feliz ninguno podíamos serlo. Nos encerraron en una burbuja de discusiones por todo y nos pintaron lo malo que era la gente con mis padres, sobre todo mi abuelo. No recuerdo los interminables enfrentamientos que tuvimos, solo se que un hombre al que yo creía querer alejó a su hija de su padre y de su familia en general por egoísmo, por puro odio. Se acabaron las navidades de cuento, donde toda la familia se reúne y ríen felices. Te transformaste en una monotonía donde solo había discusiones, porque mi padre siempre encontraba un motivo para enfadarse. Aún recuerdo ese año cuando mi madre decidió que cenásemos solos, sin sus padres, para evitar problemas. Juro que si hubiese sabido que iban a ser las últimas navidades de mi abuelo hubiese dado todo lo que tengo por pasarlas con él. Efectivamente, mi abuelo murió el 16 de diciembre del siguiente año y claro, por las fechas, ya no podíamos dar alegría a algo que ya de por sí se había perdido en absoluto. Y así hemos estado hasta que, este último año, me tuve que meter en medio de dos lobos echándose cosas en cara. Recuerdo que esa nochebuena mi padre no cenó con nosotros y me sorprendió lo tranquila que estuve. Así que aquí está el primer motivo.

El hecho de que te acosasen cuando eras pequeña es algo que nunca se olvida. Los insultos, las vejaciones, machaques y las heridas físicas y psíquicas están ahí, por mucho tiempo que pase. Es por esto que desde que tenía 15 años quería huir, porque no existía una persona en el pueblo a quien pudiese llamar amiga. Jamás podré explicar con palabras el sentimiento que padecía al pensar en encontrarme por la calle a esas personas que día sí y día también no me dejaban en paz. Pasé de ser una chica que no pisaba su casa a estar recluida en cuatro paredes porque para mis amigos era, como ellos me llamaban, un piojo: les daba asco y era molesta. Y entonces viene esta época del año donde todo es reencuentro y colegueo y ay que bien todo, pero para mi es volver a mi casa a estar sola, porque tengo que asumir que si bien mis amigas bajan todo lo que pueden, ellas tienen su vida en Madrid y no pueden estar pensando siempre en mí. Me da rabia que esa gente que tanto mal me han hecho puedan contar siempre con alguien y yo allí. Porque uno no valora estos detalles hasta que lo sufre y sí, es muy jodido querer ir a tomarte una puta cerveza por ahí y no poder porque no tienes amigos. Ya no me avergüenzo de decirlo tan siquiera, pero eso no quita que siga doliendo. Entonces te ves con 20 años viendo como tus hermanos se van a disfrutar algo de la mierda de época que es y tú, como una noche normal, te vas a la cama, no pudiendo hacer otra cosa que no sea lamentarte. Nunca lo he confesado, pero este es uno de los motivos por los que me dejé anular tanto por mi expareja, y era el miedo a la soledad. Me dejaron de lado por ser quien era y adopte una actitud de sumisión para que no me volviesen a dar la patada. No recuerdo un año en el que alguna persona por la cual he estado no haya desaparecido de mi vida porque si, porque les da igual lo que yo sienta, porque para ellos no valgo nada. Para mi es una vía de escape vivir aquí porque me aleja de todo lo que viví allí. 

A veces me gustaría haber tenido una vida normal. El único motivo por el cual no retrocedería en el pasado y cambiaría las cosas es porque se que no habría llegado hasta donde estoy ni tendría lo que tengo si no hubiese pasado por todo esto. No me rindo aunque a veces lo parezca. Sigo esperando esa calma después de la tempestad. Mi vida está dividida entre mi parte feliz viviendo aquí, y la desesperante cuando vuelvo a casa. 
Así que definitivamente no. Navidad, no me gustas y esto será así hasta el día que deje de sentirme sola cada día que duras.

De momento, la batalla continua.

lunes, 1 de enero de 2018

Dicen que año nuevo vida nueva pero mi mundo ya ha ido evolucionando durante el transcurso de estos últimos doce meses. Puedo afirmar que ha sido hasta el momento la etapa más intensa de mi vida, aquella que más cambios me ha traído. Cuesta encontrar las palabras indicadas para poder describirlo a la perfección, por lo que optaré por resumirlo en personas y acontecimientos que han marcado cada uno de estos 365 días.

Renací, como bien llevo grabado en mi cuerpo. Tras tanto tiempo consumiéndome, el fuego me quemó sin dejarme desaparecer, impulsándome a crecer, resurgiendo de mis cenizas como hacia tiempo que venía necesitando. Comencé el año junto a una persona a la cual no perdí, simplemente se fue y a la cual agradezco esa marcha. No quiero comenzar una batalla de calificativos hacia ella puesto que el pasado tan solo en la memoria se debe de quedar, como una lección de peso. Si bien, es necesario recalcar que no sería quién soy ahora si no hubiese aparecido en mi vida, con sus pros y sus contras. De ti me llevó el haber aprendido qué es lo que no quiero en mi futuro, a ser independiente, creer en mí y confiar en mis habilidades y mis facultades. Las consecuencias de este aprendizaje son las innumerables taras que acarreo en estos momentos, el miedo a la traición, al amor y a compartir mi vida con otros. Volviste, como todo aquel que se va sin ser echado, con intenciones que no podía ni tan siquiera plantearme, presumiendo de haber cambiado una forma de ser que necesita mucho tiempo para poder ser modificada. Hagamos una pequeña apreciación: los cambios a peor no cuentan. La hipocresía ha sido siempre tu fuerte y es lo que me has dejado claro en estas últimas semanas, así que de corazón te pido que no te molestes en recriminarme nada de mi actitud cuando por fin sé que es lo que hago, al contrario que tú. No te guardo rencor a pesar de todo, contigo supe lo que era amar y estuviste cuando tanta gente me dejó de lado, pero finalmente me hacías más daño del que era capaz de soportar. Remarcar que no espero absolutamente nada más de ti, solo que todo lo que intenté darte en estos años te sea útil en un futuro. Esto es un punto y final de la manera que mejor sé, con letras plasmadas en un papel para que no se olviden jamás.

Hay personas que se fueron y personas que tras muchos años siguen a mi lado, y esas son las que merecen verdaderamente el mejor de los reconocimientos. Mi adolescencia no fue fácil, muchos daños para tan pocos años que me hicieron madurar a pasos de gigante. Sin embargo, no los cambiaría por nada del mundo, siempre he dicho que los errores y las caídas son lecciones de las cuáles tienes que exprimir hasta la más mínima moraleja, y tuve la suerte de contar con varias manos para superar estos baches. Así que por todo esto, me quedo con vosotras por haber sido apoyo incondicional, soplos de aire fresco, mi alegría diaria y mi razón de ser en muchas ocasiones. La amistad más bonita es aquella que perdura por los años a pesar de la distancia y de los problemas, somos el ejemplo más claro de ello. Os grabé en mi corazón como parte de mí y os llevó grabadas en piel también, como símbolo de eternidad y perdurabilidad. Ruego encarecidamente que nunca me faltéis, no por necesidad ni por miedo a la soledad, simplemente porque no quiero, porque me faltarán vidas para agradeceros todo lo que habéis hecho por mi y sobretodo, por hacer que incluso en los momentos más oscuros siempre hubiese luz. Pido a este nuevo año más de todo, aunque sea una visita mensual, un mensaje ocasional o el recordatorio de algún cumpleaños, solo por el hecho de que eso significa alegrías, abrazos, lágrimas de despedida, noches de fiestas interminables y confesiones finales, de locuras porque sí, de noticias poco creíbles y reflexiones concienciadoras. Os quiero millones, de aquí a luna.

Mi vida cada día que pasa está más lejos de mi familia, pero en mi nueva ciudad me siento como en casa. Amistades nuevas que marcan la que se considera la etapa más bonita de nuestra vida. Me llevo a tres pesadillas revolucionarias, pero personas de presente y de futuro porque así lo están demostrando. Y por supuesto, a mi compañera diaria, mi hermana de pega que hace que el día a día sea soportable y agradable. Nuestro humilde hogar no sería igual si no tuviese su voz metida en la cabeza las veinticuatro horas del día. Te quiero por haberte convertido en algo tan importante en tan poco tiempo, por ser mi consuelo y alegrarte de mis logros, por apoyarme en cada decisión y en cada locura, por estar y por compartir tanto juntas, abrirte a mi, darme tu confianza y, sobretodo, por querer quedarte. Contigo la vida es sencilla y mejor. 

Por supuesto a mi familia, a mi madre por darme siempre lo mejor aunque ella lo necesitase más, por enseñarme a ser mejor persona y, en definitiva, por empezar dándome vida y seguir regalándome amor. A mis ángeles de la guarda, quiénes siguen conmigo a pesar de no estar a mi lado físicamente, mi hermano de pega y el que ha sido abuelo y padre a la vez. No moriréis jamás mientras os mantenga en mi corazón y mis recuerdos. No tendré la mejor estabilidad familiar, pero tengo a quiénes necesito y con eso me conformo.

Y finalmente, mencionar a quién apareció sin yo quererlo y se ha convertido en mucho más de lo que se piensa. Por el hecho de que estés y quieras quedarte, aún sin saber que pasará. Gracias por romperme los esquemas que tan afianzados tenía y enseñarme que sonreír te hace más bonita y más feliz. 

Por lo vivido y lo que me deparará este año. Comienzo feliz y solo querría terminarlo así.
Feliz vida.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Buscar el sentido escondido en cada verso. La versión completa de cada frase. Un viaje sin fin de significados donde las vivencias de cada ser eligen. La confusión se vuelca y te cubre, no piensas, solo recitas cada línea, analizas cada sonido en busca de la realidad. Dicen que la buena poesía no es la dedicada a algo concreto, sino la que te deja vía libre para que reflexiones y la adaptes a ti. Ajustar por inercia las palabras a lo que necesitamos escuchar, recordar, vivir. Nunca está de más rememorar lo pasado, no como un castigo, como refuerzo positivo. La señal de que estás aquí y el porqué, el objetivo interpuesto que en ocasiones cayó en el olvido. Y darte cuenta de que el rencor no alivia, el dolor no cura y el temor no solucionada nada. Lecciones apuntadas y aprendidas, tan solo pendientes de ponerlas en marcha. Seamos dueños de nuestros pensamientos, jugar a veces es necesario.










lunes, 9 de octubre de 2017

Prologue

"Me sentía atrapada, ciega y muda para el mundo mientras mi interior no dejaba de gritar a todo aquel que veía. La impotencia me empezaba a consumir, no lograba comprender que pasaba a mi alrededor. Vestigios de conversaciones a mi alrededor se iban tan rápido como llegaban. Dolor, sentía el cuerpo dolorido e inmóvil, tanto que eran muy breves los momentos de consciencia. Escuchaba suplicas, una voz armoniosa me rogaba que volviese mientras la oscuridad volvía a envolverme como si quisiese protegerme. Mi corazón se revolvía furioso ante cada contacto de ese extraño con mi piel, sintiendo la imperiosa necesidad de devolver el gesto. Y entonces volvía a caer en ese sueño profundo sin tener la opción de elegir, quedando expuesta a la decisión de una mente frágil y un cuerpo dañado."

domingo, 8 de octubre de 2017

Retomar todo con más fuerza, con más ganas. La coraza ha vuelto a su sitio, se terminó el sentir y el padecer. Vivir seguida de instintos, fuera sentimientos, lo frío despeja, el calor solo ahoga. Aprender a convivir con experiencias nuevas, choques de vitalidad que entierran el resentimiento y los últimos vestigios de guerras pasadas. Es más fácil cubrir todo con una capa gruesa que tratar de eliminarla puesto que eso supone enfrentarlo, conlleva excavar en esos recuerdos, destripar cada línea, cada momento, cada caricia. No se trata de intentar sustituir lo que ya está, sino de pasarlo, mantenerlo como una lección, como una guía, el mapa que te muestra cada peligro, cada tentación. Vivir del pasado mata, vivir de las expectativas del futuro también. El ahora es lo que te ayuda a progresar, sin complejos ni tapujos, dejando claro qué quieres, quién eres y lo que vales. Que el viento no te tumbe, que la marea no te arrastre, que los sueños no te cieguen. Mantenerse firme en el camino, tropezando las veces que haga falta y sonriendo, la confianza hace el éxito, todo consiste en creerlo, en decir bien alto que se puede, que vales para ello. Tener como objetivo estar en paz con uno mismo y con sus actos, sin que afecte el qué dirán.
Empezar de cero pero siguiendo un motivo. Sin prisa, pero sin pausa.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Mis doce razones.

Llegó la hora. He intentado evitar hacer esto puesto que me resuelta muy difícil controlar mis sentimientos. Quizás por fin me siento preparada. Quizás simplemente es que necesito sacarlo todo de una buena vez, cerrar ese capítulo, que si no intenso, a lo mínimo duro de mi vida. La suerte de mi vida se acabó, el cuento de hadas en que vivía modificó su final, la protagonista creció, su apuesto príncipe resulto no serlo tanto. Etapas que culminan para dar paso a otras muy distintas, guiadas de forma muy distinta, pendientes de otro hilo. Se acabó la magia, me di de bruces contra la realidad. Desperté de la fantasía más larga y maravillosa que he tenido, pero también la más complicada de cerrar. Siempre he odiado las despedidas, adoro los comienzos, detallarlos exhaustivamente, exprimiendo cada sentimiento, plasmándolo de la forma en que mejor sé: con palabras, con versos dulces, amables, sinceros. Pero ahora debo recitar la más dolorosa de las despedidas, si bien por pura iniciativa, también por una imperiosa necesidad. Gracias por haber sido mi historia más feliz, mi paño de lagrimas y mi pilar, como bien dijiste una vez, tú siempre dejas huella y aquí está la prueba de ello. Confía en que te llevaré conmigo toda la vida como el más bonito de los recuerdos porque verdaderamente en eso quiero que te conviertas, en la cicatriz más perfecta que mi cuerpo tenga. Siendo claros y sinceros, tu quebraste esta relación con tus actos y yo acabé sentenciándola con los míos. Juré que jamás perdonaría una traición más, pero me aferré al amor que te tenía, al que nos teníamos. Agradezco haberlo intentado puesto que de no ser así, la rabia me carcomería. Pero desde ese momento todo cambio, algo se accionó y dejó entrever las zarzas que se ataban a nuestro alrededor, hiriéndonos. Nos fuimos consumiendo lentamente hasta que el poco oxígeno que quedaba se agotó. Aún así, no guardo rencor, no hay furia, tan solo tristeza. Te reconozco que quise seguir intentándolo, que te busqué en sueños, a mi lado, de mi mano, pero fue entonces cuando abrí los ojos, cuando entendí que me merecería alguien que me valorase de una manera distinta, un soplo de aire fresco que hiciese que volviese a ser quien era. Mi amor propio se puso de pie después de mucho tiempo y dio, literalmente, una patada a mi atormentado corazón. Te quiero mi vida, te quiero más de lo que he querido a nadie, pero más me tengo que querer yo, y creo que ya he aguantado suficiente. Me duele el alma con cada palabra que escribo, me duele que ya no estés, que lo nuestro no haya funcionado pero me alivia el hecho de saber que hemos hecho lo correcto. Necesitas alguien mejor, que te de lo que necesitas y no pienso volver a privarte de ello. Me has dado las más valiosas lecciones y espero que algún día veas que con cada uno de mis actos, solo pretendía hacerte mejor.
 Ahora he comprendido que la familia, a pesar de todo, es aquello que nunca va a fallar y que tienes que cuidar. Comprende tú, del mismo modo, que a pesar de ese cariño cada uno necesita su libertad e independencia: vive, te lo pido encarecidamente, disfruta y sé feliz, haz locuras, da un par de escarmientos a quienes merecen y equivócate las veces que hagan falta con tal de que encuentres la tranquilidad, la liberación y la estabilidad que precises, prométeme por favor que te volverás a enamorar y que otra gozará del amor que yo tanto disfruté. Procura, y dejar claro que esta petición carece de maldad, cambiar, moldear ese carácter y ese humor para evitar hacer daño a quien quieres, como en varias ocasiones me hiciste a mi. No voy a andarme con rodeos, me has herido. Quizás es por eso por lo que ya no quiero buscarte, porque no puedo permitirme más dolor, porque necesito una implicación que ya no existía. Te culpo únicamente de no haber sido claro y de haberme privado de la conversación y la explicación que merecía.
Hoy paso página o cambio de libro directamente, eso ya lo decidirá el tiempo. Será el destino el que decida que será en un futuro de tí y de mí, o quien sabe, quizá de nosotros. Ahora solo pienso en reponerme, en cumplir las metas que me he impuesto y sobretodo, en ser feliz.
Que te vaya bien, de corazón, ese que tan bien conoces, te lo digo.

miércoles, 19 de julio de 2017

Si no lo suelto, estallo. Mi límite roza sus niveles más altos y tanta contención no me hace bien. La realidad que vivo parece una historia de ciencia ficción, donde todo se basa en buenas caras, contestaciones acertadas y actos de buena fe. Toca callarse la frustración, las ganas de llorar, la procesión interna y el sin vivir que sufro diariamente por numerosos factores que, si me diese por explicarlos, harían de esto un texto infinito. Callo por no complicar las cosas e igualmente tampoco serviría de mucho hablar, eso ya lo tengo comprobado. Mis palabras caen en saco roto, logran en el objetivo el mismo efecto que si el receptor fuese una pared totalmente rígida. Siendo claros y sinceros, me he plantado una fachada de sumisión, alegría y frialdad escondida que en ciertas ocasiones resulta útil: menos explicaciones, menos problemas. Me gustaría poder lograr que esta se mantuviese siempre, y que dieses sus frutos, pero cada vez pierdo más la esperanza. Intento agradar y parece que continuamente algo falla y eso me va hundiendo lentamente. Simplemente me entran unas ganas infinitas de mandarlo todo a la mierda de una buena vez, ahorrarme todo esto. Me prometí a mi misma una vez que no iba a volver a sufrir por una persona y lo vuelvo a hacer. Nadie se imagina que esté así porque nadie sabe nada, cada vez me abro menos a la gente, cada vez doy menos cariño, cada vez soy más independiente. En cierto modo me estoy preparando para que, si esto no mejora, pueda seguir adelante y no sienta ese terrible síndrome de abstinencia que ya padecí antes. En estos instantes solo se que necesito cariño, amor, cercanía, besos de verdad y no con un fin. Cargo con una carga a mis espaldas que me está doblando, y yo no tengo fuerzas para tanto. Mi capacidad de aguante para las malas formas, las contestaciones decadentes, la frialdad, el desprecio y el poco cariño está llegando al borde del colapso. Pero no quiero ceder, el amor que le tengo no me deja hacerlo, y eso es lo que más de carcome por dentro: que anteponga mis sentimientos a mi propia estabilidad emocional.

jueves, 22 de junio de 2017

Descontrol.

No sé si soy yo la incomprendida o quien en verdad no comprende. Ya no es confusión lo que en mi predomina, sino un estado de frustración que va en aumento. El hecho es que por más que trato de explicar de la mejor manera posible lo que siento, o lo que creo, más locura parece lo que relato. Quizás seré yo que no estoy en plenas facultades. Quizá son los demás, que no ven más allá de su propio entendimiento y experiencia. Podría acusarme y culparme de forma directa pero sé que en si eso no sería ni justo, ni cierto. La experiencia me ha hecho comprender que posiblemente no soy yo quien esté tan equivocada, que puede ser que a quien decida contarle o preguntarle no se ponga en mi piel. Digamos que sería lo más factible. Ocurre que, cuando el vaso se ha colmado y derribado, derramas todo con la persona que más cerca esté o en la cual primero piensas, y es entonces cuando te das cuenta de que no todo lo que cuentas son cosas incomprensibles. La regla es la misma: tu te machacas por no judgar, por no discriminar, por ser justa y por ser empática, pero no recibes las mismas consideraciones. Siempre eres tú la que no entiende, la que piensa y obra mal, la que no comprende a esa persona. Ocurre que quién más debería animarte es quien más te descoloca, producto de un egocentrismo puro y de una capacidad de empatía nula, cuya frase dominante es: "lo mío está bien, lo tuyo no, no te lo digo pero sí lo pienso". Y es aquí cuando de nuevo soy mala por pensar de esta manera, vaya disparates que se me vienen a la cabeza. Voy con los hechos y los argumentos, soy de las que creen que mis pensamientos malvados están fundamentados. Así, por ejemplo, digamos que se me corrige porque hago algo mal pero mi acusador maestro lo realiza aún peor, yo lo modifico pero no tengo ni voz ni voto para corregirlo a él, no es verdad lo que digo. O se me acusa de no cambiar mi actitud pero la suya solo empeora, de no colaborar cuando él no lo corresponde o no lo ve, de ofrecerme y solo sacar pegas, de yo tener que aceptar lo que me pasa sin quejarme pero él tener la total libertad de protestar porque eso sí está justificado. Mala soy yo de decir lo que es evidente, o no entender las dagas que en ocasiones sueltas por esa boca divina. Injusta soy por no comprender que necesitas tu espacio y tus amistades, cuando en mi postura no es lo mismo. Pesada soy por no callarme e intentar hablar contigo, sacar una conclusión, ponernos de acuerdo e intentar que no haya ganadores ni que ninguno sea más que el otro, que todo sea un consenso en la medida de lo posible. Víbora soy por decirte lo que pienso y perder ocasionalmente los nervios cuando parece que todo lo que digo son idioteces, por decirte mi opinión de las mejores maneras posibles y por tratar de hacerte un poquito menos frío. Egoísta por querer que compartamos momentos con los pocos miembros de mi familia a los cuales tengo aprecio, y que esto sea juntos, al igual que yo lo hago con todo el amor del mundo aunque haya ocasiones en que me sienta de menos o no sepa actuar. Sé que cometo muchos errores y te pido disculpas por ellos, del mismo modo que te ruego que me perdones mis arrepentimientos por ellos, mis ilusiones de estar contigo y crecer juntos, mis ganas de abrazarte, mis faltas de autoestima, mi mal humor, mi desorden, mi esfuerzo por corregirlo, los fallos que intento no cometer y mi forma de ser, en definitiva, todo aquello que te cansa de mi. Hay ocasiones en que me dices que me vuelvo excesivamente agotadora pidiéndote demostraciones o palabras bonitas cuando sé de sobra los sentimientos que tienes hacia mi. Pues bien, aquí tienes los motivos por los cuales yo puedo dudar. Con esto no quiero desprestigiar los detalles, pocos pero importantes, que en ocasiones tienes. El problema está en que cuando tu forma de ser deja tanto que desear, todas esas muestras de cariño acaban siendo desplazadas. Echo la vista atrás a hace más de dos años, y no veo rastro de mi. He cambiado mucho, y la mayor parte de estas modificaciones las has llevado a cabo tú. Y ahora bien, ¿y tú? ¿Has mejorado algo de lo que tantas veces te he pedido?
Pero discúlpame, soy yo la que no te entiende, mi frustación, por lo que parece, no tiene justificación.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Game over.

Colapsé, llegué a mi límite como hacía mucho que no me pasaba. El nivel de agobio que tengo es tal que no me siento ni con la capacidad de lograr los objetivos que me puse, sinceramente y aunque me horrorice reconocerlo, ahora mismo lo único que quiero es tirar la toalla, mandarlo todo a la mierda, terminar con esos sueños locos que me traen de cabeza y dedicarme a lo que aparezca, rondar de lado a lado amoldándome a lo que me ofrezcan. Vida infeliz pero sencilla. No me siento capaz de seguir adelante porque no creo que sea apta para ello, siempre fallo, siempre caigo y pocas veces cumplo con las expectativas que me cuelgan. No voy a engañar a nadie, no soy tanto como intento aparentar ni consigo agradar a quien más me importa, frustración que me carcome internamente como si del más puro ácido se tratase. Creo que no hay sensación peor que sentir que no eres suficiente ni para ti ni para las personas que quieres, que no eres valida para satisfacer los requerimientos básicos que toda persona socialmente sana necesita. Reconozco que todas las carencias y dolencias pasadas siempre me van a pasar factura, y que mi autoestima nunca va a volver a ser lo que era, pero si quien más ha aportado a su recuperación desaparece de manera progresiva parece que la cicatriz se vuelve a avivar. Tonta de mí que permití que alguien pudiese hacerme daño, de mala persona por mi parte intentar cargar a nadie con la procesión que acarreo a mis espaldas. No necesito ni besos, ni abrazos ni caricias constantes, eso no determina el cariño, lo hacen las palabras, los actos, las miradas y los detalles, esas peculiaridades que te recuerdan porqué elegiste seguir ese camino y porqué no te vas a desviar del mismo en lo que te queda de vida. Volveré a parecer una estúpida, pero lo que más me duele es que siempre he querido hacerle feliz y siento que jamás lo voy a conseguir porque tengo esa sensación de que no voy a poder ser quién quiere que sea, ni actuar como pretende que lo haga ni pensar como desea que piense. Seré impulsiva, testaruda, pesimista y cualquier adjetivo que me quieran sumar a la lista, pero soy muy sentida y todo lo que hago, lo hago de corazón.
No quiero continuar así puesto que no encuentro fuerzas para luchar, pero hay algo en lo más profundo de mi ser que no me deja parar. Solo pido que lo que tenga que ser, sea, y lo que tenga que venir o irse, que lo haga, pero que no siga dando vueltas a mi alrededor sin saber que se avecina. Hay veces adelantarse a los hechos sirve de buena barrera.

lunes, 13 de marzo de 2017

Inside

La capacidad de reacción del ser humano ante situaciones difíciles consta, en mi opinión, de dos partes bien diferenciadas: la parte común, aquella que se activa de la misma forma en todas las personas como método de defensa, simplemente como respuesta ante algo que nos perturba o que nos inquieta. Luego está la parte específica o personal, esa que es propia de cada individuo en función del problema que se esté sucediendo. Esta varía en función del grado de complejidad de esas situaciones y de la propia forma de ser de cada uno, englobando multitud de respuestas de todo tipo. Dicho esto, todos tenemos la capacidad por naturaleza de adoptar una postura u otra dependiendo del ambiente en el que estemos inmersos o del problema que tengamos en frente. Ahora bien, cuando esto es algo continuo pasa que, como cualquier ejercicio intenso, el cual te agota físicamente, te acabas cansando, desistes, tu mente llega a un punto en que no puede avanzar de ninguna otra manera. El problema es que la recuperación posterior a este tipo de circunstancias es complicada y lenta, y obviamente si no cesa el persistente ataque, nunca termina de sanar. Las personas somos más frágiles de lo que aparentamos, y es la psique la que más sufre de todas las facultades que engloba nuestro cuerpo. Y con esta breve introducción de la concepción que personalmente tengo acerca de estas situaciones es como mejor puedo explicar el estado en el que ahora mismo me encuentro. El nivel de agobio que sobrellevo es mucho mayor del que creo que pueda aguantar y me estoy quemando por dentro, me estoy agotando cada vez con más rapidez. Es cierto que el hecho de haber sufrido episodios complicados ha creado que tenga una cierta resistencia ante esto, pero siempre llega el punto en el cual no existe capacidad de lucha. No puedo más, y no porque no quiera, si no porque mentalmente estoy exhausta, sin energía. Estoy en un momento de mi vida en que necesito aquello de lo que más carezco, y por más que busco e intento conseguirlo, esto decide huir y seguir escondido, sin liberarse de aquello que lo ata y que, sin darse cuenta, lo está separando de mi. Ocurre entonces que uno se empieza a acostumbrar y comprende que no puede depender de algo que no pelea por quedarse, que ve que lo difícil es entender y lo sencillo, atacar. Y con esto no quiero referirme a un ataque dañino o en si doloroso, si no a negarme la confianza, el amor, la paciencia y la comprensión que se que puede darme. No descarto que se desconozca el efecto de sus actos sobre mi ser, se de primera mano que es complicado saber llevarme, siendo igual de fácil mantenerme. Por tanto, tenerme es sencillo si ya me tienes ganada: tan solo entiende, habla y apoya, y todo lo demás seguirá su curso por sí mismo. Pero se terminaron los reproches y las reacciones desmedidas porque de no ser así, y con todo el dolor de mi alma, prefiero vivir con una decepción que morir por una causa perdida.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Hay días que todo cuesta más, y otros en que ni siquiera te mueves porque la pendiente es demasiado empinada. Se mezcla la tristeza de una parte, con la nostalgia de otra y el miedo de una última. Tristeza de no tener a quien más necesitas, nostalgia de lo vivido, de aquello que puede regresar y de esa despedida definitiva y miedo de alejarse, de decir adiós. Tengo momentos en los que puedo asegurar que nadie me vencería, me siento invencible, capaz. Pero como todo humano también caigo, también me siento vulnerable, también necesito un abrazo, un apoyo. Nunca pensé que cabría tanto en algo tan pequeño como es mi cabeza, pero ya ni eso me importa. Hoy solo existo, no quiero más. El frío invierno me hunde y las fechas que se acercan no ayudan, ni la compañía que tengo o de la que carezco. Se que es algo pasajero, que todo es cuestión de tiempo pero cuando toca pasarlo duele, aunque no me molesta. Es algo incoherente pero es así, me siento muy viva sintiendo esto porque eso solo demuestra que he sido tan feliz, que recordar lo que se fue me hace caer. Sí, caigo, tropiezo y me resbalo, pero ya no es como antes. Antes era un tormento, tenía algo que no me dejaba descansar, un zumbido insoportable que me recordaba cada instante que algo no iba bien, incansable. Ahora tengo la tranquilidad que desde hace tanto necesitaba, sé que las cosas no son en si como desearía pero están tranquilas y están claras y con eso me basta, ya no es sufrimiento ni rabia, en estos instantes tan solo es una tristeza mezclada con un poquito de cada cosa, pero totalmente soportable y lógica. Paso a paso, como siempre, aceptando que habrá días que se hagan difíciles y otros que serán un paseo, pero con la conciencia bien tranquila. Eso me fallaba y ahora sé que eso es lo mejor que me podría haber pasado, tomar las decisiones adecuadas para liberarme a mí misma.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Avanzar. Continuar hacia delante, sin detenerse, sin pensar. Tan solo avanzar, dejar todo atrás, cerrando puertas, sanando heridas. Sin preocupaciones, sin problema alguno, solo caminar como si no hubiese nada más que hacer, nada mejor. Un camino lleno de piedras, si, pero que siempre llega a un lugar agradable, el sueño de todos, la felicidad. Pasa que a veces nos perdemos, cogemos un atajo que en vez de ayudarnos nos equivoca, nos hace flaquear. Senderos que nos muestran nuestros miedos, que nos hacen fallar, que te incitan a retroceder, volver al principio pensando que eso es lo seguro, que actuando de ese modo no sufrirás. Aquel que vuelve nunca terminará la carrera, se encerrará en un bucle sin fin, intentando progresar pero fracasando nuevamente. La travesía que aparentemente puede resultar sencilla nunca lo va a ser, la vida no está hecha de cosas fáciles, eso es lo que primeramente deberíamos asumir: lo que vale la pena, costará su trabajo, porque si simplemente se regalase, se ofreciese, nunca se valoraría como merece, se tendría como algo más sin darle la importancia que en verdad tiene. Por tanto, si pecamos de ingenuos y cometemos el error de fiarnos de esa bella portada, debemos ser lo suficientemente valientes como para enmendar ese error. Todos esos temores que nos acecharán tendrán que ser destruidos o, a lo poco, superados y entendidos. Transformemoslos en nuestros fuertes, de este modo no podrán con nosotros. Y solo así conseguiremos volver al camino principal, a ese que, a pesar de estar lleno de obstáculos, nos ofrece una mano ante las adversidades. No estamos solos en este proceso. Muchos nos ofrecerán ayuda, otros tan solo nos traerán más pruebas, más retos por superar. No abusemos tampoco de la generosidad de los demás porque corremos el peligro de que esta se nos retire, y tal será el chasco que retrocederemos sin darnos cuenta. Pero siempre, aún así, hay que recordar una y otra vez lo siguiente: solo aquellos que dejen la cobardía de lado, que arriesguen y que luchen, lograrán el fin deseado. La vida no está hecha para amilanarse, está hecha para vivirla y disfrutarla. No la desperdiciemos. Es algo que una vez perdido, nunca regresa.

martes, 22 de noviembre de 2016

Momentos de reflexión, de darle vueltas a la cabeza sin remedio. Situaciones en las que uno difícilmente encuentra coherencia en sus pensamientos, en los que es imposible no cavilar, no meditar. El mundo se te cae encima y tu solo luchas por salir a la superficie, buscando una esperanza, un soplo de aire refresco que inunde tus pulmones, que te alivie la tensión acumulada. Y entonces te confundes y no sabes si quieres eso o volver a ahogarte para cerrar tu mente, para cortar el paso al torrente de emociones que se avecina, que amenaza con destruirte. No se si habrá algún tipo de Dios, pero puedo asegurar que tuvo una idea macabra en el momento en que ideo nuestra manera de recapacitar. Quizás es que yo soy rara. Quizás mareo mucho cosas evidentes y simples. Quizás me preocupo demasiado por cosas que no merecen tanta importancia. Quizás es mi miedo personal, ese propio de mi, el que tantos problemas me ocasiona. No se si estoy loca o es el mundo que me rodea el que no está muy lúcido. Es más fácil pensar que es la sociedad que me rodea, pero debo pensar que en verdad, el meollo de la cuestión. el tema central del problema, soy exclusivamente yo. Y aquí estoy, como cada día, buscando soluciones, queriendo sobrellevar el caos de vida que llevo. Me pierdo pensando en todo, pero no me arrepiento. Son estos momentos de vulnerabilidad los que me hacen valorar hasta el más mínimo detalle, los que me hacen darme cuenta de lo feliz que fui antes de perder tantas cosas. Es conocido aquello de que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde, y por desgracia la gente de mi alrededor no ha sido una excepción a esa regla. Y no darse cuenta de ello me ha afectado a mi sin quererlo. Como si de algo infeccioso se tratase, contagiando a aquellos que tomaron todas las precauciones posibles. Gente que contamina sin pensar en las consecuencias de sus errores, y que dañan más de lo que piensan. Unos piensan demasiado en los demás y otros piensan demasiado en su propio ego. No es equitativo, no es justo. Ley de vida: darás mucho y no recibirás ni la mitad. La cuestión es seguir, y volver a caer. y volver a salir y repetir el círculo vicioso de siempre. Algún día cambiará. Todo es cuestión de tiempo, todo se basa en superar, olvidar y seguir adelante, Paso a paso, sin pausa pero sin prisa. Y aprendiendo de los errores. Cuantas menos veces tropecemos con la piedra, mejor.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Shine, bright.

Hay ciertos momentos en la vida en que uno se da cuenta de lo valioso que es esta. Vivimos sin disfrutarlo, dejamos pasar las horas, los días, como si estos fuesen a volver alguna vez. Planeamos, recordamos pero nunca aprovechamos ese instante tan fugaz, tan importante. Los seres humanos somos gente estúpida: nos ofrecen la capacidad de pensar y decidimos tirarla por la borda, prefiriendo actuar como animales, guiándonos por nuestros instintos. Y sí hay persona lo suficientemente hipócrita e incoherente que por favor, me niegue esto. Vemos algo bonito, bello, y no dudamos en escogerlo antes que algo que no tiene el mismo brillo, solo contemplamos la fachada. ¿Y si eso que tanto desgrada mirar tiene luz propia en su interior? Tendría lógica, ¿verdad? Nadie deja sus tesoros a la vista, por tanto, nadie dejaría lo más valioso de uno mismo al alcance de cualquiera. Aquellos que se aventuren en descubrir los más oscuros lugares hallaran los mejores premios. Lo bueno no se da, se consigue, se pelea, se merece. Absolutamente nada que valga la pena en este planeta se mostrará al público como si de una prenda de mercadillo se tratase, vendiéndose al mejor postor. Todo lo contrario: lo valioso ya tiene un precio, algo fijo, y ese importe es la constancia, la perseverancia, la ilusión, la lucha, el amor, la solidaridad, la empatía, el buen corazón y la sana mente. Por ello, al igual que no se puede judgar un libro por su portada, tampoco se puede conocer su historia leyendo tan solo el prologo. Hay que profundizar, analizar cada página y no dejar que nos cuenten la leyenda otros. porque nadie excepto uno mismo la interpretará mejor. No se puede definir a una persona ni por su aspecto ni por lo que los demás digan de ella porque nadie asegura que lo que te digan sea cierto. Para ti o quizás si lo es, para ella puede ser que no. Puede que no destaque en aquello que a mi me gusta, pero que sea el mejor en eso que yo no valoro. Quien sabe si estamos tachando a alguien de algo que no es solo porque no sepamos apreciar los valores y las aptitudes por los que destaca. Pongamos en práctica todas esas moralejas ocultas en los cuentos de nuestra infancia. Ningún ser en este mundo es menos que otro, solo sobresale en aspectos que no conocemos. No debemos inculcar lo que queremos que sean ni hacer inferior a ninguna persona por aquello que no es su fuerte, si no potenciar y destacar esa parte que tanto brilla de ellos. Y solo así iluminaremos nuestro camino, ese que cada uno, por sí mismo, debe seguir. Nuestra luz propia, la esencia de cada ser, de cada vida. La vida que tan poco aprovechamos y que tan rápido pasa. Vuelta al principio, el círculo vicioso de cada día, de cada instante. Ese instante que ya pasó, que tan rápido se fue. Pero que, tras tanto empezar, ya conseguí aprovechar.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Llego la hora de encontrarse, de volver a ser lo que uno era. Mucho tiempo perdida, demasiado sin ser yo. Se acabó, fin de la etapa, vuelta a empezar. Es algo así como comenzar de cero pero con una base: ser quien quiero ser, con cabeza, con coherencia, sin controlarlo pero con algo de precisión. Aquí estoy y vengo a mostrar lo mejor de mi, no una faceta con la cual ni siquiera me identifico. Reír pero de alegría, no por compromiso. Disfrutar pero sin descuidar lo que quiero y lo que debo. En definitiva, volver a ser quien era pero mejorando aquello en lo que fallaba. Tengo que recuperarme, tengo que volver a aprovecharme como realmente merezco. Y si, aunque no me valore lo suficiente ni me aprecie lo necesario se que me merezco mucho más de lo que tengo en estos instantes, y poder alcanzarlo solo depende de mi, de lo que yo logre por mis méritos y por mis capacidades y no de lo que presuma. No aparentar, vivir. Y quien me quiera que lo haga por lo que de verdad sigo, siento y soy, no por una fachada estúpida que me planté. Mi miedo a fallar, a no gustar, mi particular pesadilla. Temor a ser rechazada como muchas otras veces lo he sido. Pánico a mostrarme en sí y que se aprovechen de ello. Como si de un círculo vicioso se tratase: me libero, me admiro, me dañan, me escondo. Cuanto menos me muestre menos me podrán tocar, menos dolor me podrán hacer. Ojala pudiese evitarlo, no sabéis bien el sufrimiento que me ahorraría. No me doy cuenta de que actuando de este modo tan solo me hago daño a mi mismo y a la gente que de verdad me valora. Me vuelvo vulnerable cuando lo único que intento es evitarlo. Que curioso que aquello que creemos mejor solo nos perjudica aún más. Que difícil es abrir los ojos a tiempo. Se que puedo con todo lo que me presenten, se que puedo vencer cueste lo que cueste. Tan solo tengo que creerlo, es el primer paso para lograr todos mis objetivos. Y mi primer objetivo es ser feliz, y para ello tengo que rescatar esa fuerza que me hacía ser mejor, que conseguía lo inimaginable en mi. Paso a paso, pero firmes, sin vacilación.
Primer día de mi verdadero nuevo comienzo: rescatar la esencia que me definía. Allá vamos.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Demasiado tiempo tragando, necesito escupir. O vomitar. Depende de la calidad, de la basura que lleve. La gota que colma el vaso está muy próxima, incluso rebosando. Al límite, como siempre. Busco mi orgullo y ya hasta igual me da, no me quiero, no me pienso, no soy. Sobrevivo como un cuerpo con algo de alma, siendo sin ser. Esto no vale la pena. Día que pasa, día que más cuenta me doy. Soy una especie de animal, actúo por instinto, sin pensar. O lo hago con el corazón, por amor. Amor, digno enemigo. Maldigo la hora en que me embaucaste, en que me hiciste caer en tus redes. Nadie me aviso antes de lo difícil que era esto, Nunca jamás me dijeron que iba a sufrir tanto. ¿Era necesario darme este golpe tan de frente? ¿No podría haberse terminado, así sin más, fugaz y sin darme cuenta, como el fin del verano? He confiado en que el karma me tendría algo más de aprecio después de tanta putada, después de tanta puñalada. Y el cabrón me odia, me quiere machacar hasta que no pueda más. Bendita paciencia la mía, de cuantas me salva. No se ni por qué sigo aquí. No quiero seguir, no quiero pero no puedo parar. Es una adicción insana, una droga sin sentido: no me coloca, me trastorna. Siempre he dicho y me he repetido que me tengo que valorar, y estoy luchando por alguien que no lo hace, que solo está acostumbrado a que le baile el agua. Me doy cuenta en cada instante que pasa y no quiero, y lo intento evitar pero cada día es más evidente. Han jugado conmigo, se han reído, se han burlado y lo siguen haciendo. Peleo a muerte con un rival doble: un amor ansiado y valorado, y un frente abierto con mi cerebro, con mi conciencia y mi coherencia, quienes me dicen que abandone. Que fácil es mandar el mensaje cuando no tienen un imán que les hace recaer constantemente. Sencillo cuando no se quiere, solo se piensa. Y lo peor es que no es un simple querer, es amor, del puro, del jodido, del que duele. Amor del que no es correspondido, del que deja en el aire las palabras. Y las promesas. Y las noches de no olvidar, las palabras de amor sincero dichas por una de las partes, la más sincera, la más sencilla, simple y sensible. La de un corazón herido que volvió a confiar y a quien volvieron a herir. La de un guerrero sin arma ni armadura, que pelea a golpes ante un millar de militares. Herido de muerte, si, pero sin echarse atrás. He dejado mi razón, mi orgullo, mi dignidad y mis valores de lado. Me he volcado por una causa perdida, sin fundamento. Lo sé, soy consciente de ello. Pero no rectifico, sigo sin dar mi brazo a torcer. Tengo que aclararme, debo aclararme. Todo es ponerse, todo es intentarlo. La clave está en quererme. Descifrarlo es lo complicado. Casi imposible. Ya solo trago, no reacciono, no grito, no me enfado. Solo trago. Y explotaré, como ya he dicho, el vaso está a punto de colmarse, el mar se agita, el río se desborda. Demasiado caudal, demasiada presión, demasiadas tormentas como para seguir su paso tal cual. Seguir el camino es lo adecuado, pero nadie nos dijo que nos encontraríamos con tantas piedras.
Maldito y condenado amor, cuanto daño me has hecho. Y que feliz me haces cuando quieres, aunque nunca lo hagas.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Planteo un dilema moral. ¿Qué sería mejor, hacer lo que debes o hacer lo que sientes? Gran pregunta, sin duda. Se enfrentan dos casos que son totalmente contrarios en el mayor de los casos. No tiene una respuesta perfecta, eso sin dudarlo, esta variará dependiendo de la persona, de su mentalidad, o de la propia sociedad en sí. Normalmente, lo que se debe hacer es lo correcto aunque esto no nos haga feliz pero claro, si socialmente está bien visto debería ser mejor, ¿no? Grato error. ¿Por qué tiene que ser lo óptimo lo que piensen los demás? ¿Por qué mi forma de actuar o de pensar no es aceptada si no coincide con la del resto? ¿Justo? No hace falta ni responder a esa pregunta. Vivimos condicionados por el qué dirán, como si lo que soltasen un par de ilusos por la boca nos fuese a solucionar la vida. A estas alturas cualquiera se ve ya con la libertad de opinar sobre lo que hacemos, lo que pensamos, lo que decimos y lo que amamos. Nos estamos convirtiendo en marionetas que se dejan hacer, pensando que así todos caeríamos bien. Sí, dentro de poco seremos una especie de personas sin corazón y sin capaz de decidir por nosotros mismo al servicio de un par de personas que han tomado el control de nuestras vidas, manejándolas a su antojo porque es lo que les hemos permitido. Y seremos felices y comeremos felices, todo muy bonito. Y entonces, ¿dónde queda nuestra esencia? ¿Qué nos diferenciaría de quién tenemos al lado? Son los pequeños actos que hacemos con el corazón y las decisiones más difíciles de tomar las que dicen cómo somos, los abrazos verdaderos, el ser el hombro donde llorar cuando tú mismo eres un mar de lágrimas. Sentir y padecer nos hace ser humanos, y llorar, amar, reír, sufrir y emocionarse. Luchar, pelear con el alma por aquello que queremos. Y hacer lo que nos de la real gana, dejarnos llevar, viajar porque nos apetece, hacer locuras. En definitiva, hacer lo que sientes. Así que no sé como se verá ni que opinarán pero me da igual. Me gusta ser feliz y lo soy siendo quien soy de verdad. Y me juzgarán. Y caeré, no una, sino mil veces. Pero me volveré a levantar con más fuerza que nunca, tropezaré con la misma piedra una y otra vez, amaré con la intensidad de las primeras veces aunque sepa que voy a sufrir, sonreiré y actuaré porque sí, porque eso es lo que me pide el cuerpo y porque me gusta dejarme llevar. Solo así podré decir dentro de muchos años que yo disfruté la vida porque de verdad la viví. Contaré y gritaré que yo me equivoqué pero supe enmendar y aprender de mi error, que me enamoré de quién no me esperaba y joder, ¡qué bonita es la vida cuando encuentras a la persona indicada para hacerte sentir grande! No se que será de mi, pero se que no quiero arrepentirme en un futuro de lo que no hice por miedo a que me juzgasen, y con eso, me vale.

viernes, 28 de octubre de 2016

Retorno de nuevo, vuelvo a caer. Así constantemente, sin poderlo evitar. No me considero débil pero si vulnerable con esta actitud. Frágil. Expuesta. Si en estos momentos quisiesen hundirme resultaría extremadamente sencillo. Confío en que no lo hagan. Tengo fe en que no se aprovechen de esta buena voluntad. Bueno, digamos que mantengo la esperanza de que no me vendan de una manera tan ruin. La palabra "confianza" ha abandonado su significado en mi cerebro, por lo que me referiré a ello tan solo para denominar algo de lo que ahora mismo mucha gente carece, no como una virtud. Es lo que ocurre cuando te traicionan, que huyes, que te cierras, te escondes en ti misma. Como un mismísimo tempano de hielo, tan fría que no haya quién te descongele. Consecuencias de no pensar antes de actuar. Pero bueno, a lo hecho, pecho. No vale de nada arrepentirse cuando ya es tarde, solo vale enmendar el error. Y ahora llego yo, que a pesar de todo, me mantengo firme cuando debería huir. Y recaigo, como si de una adicción maldita se tratase. No hay tratamiento. No hay cura. Solo se que podría vivir sin ello pero no lo soportaría, la droga más letal: el amor. Y así es como, de un día para otro, vuelvo a recuperar algo que creía perdido, cuando aparece un rayo de luz, una esperanza. Una sonrisa. Una caricia. Un simple gesto que me ilumina el alma. Soy tan variable que podría volver loco a cualquiera. A mi misma. Al mundo entero. Me gusta esta sensación de que lo luchado da sus logros y, aunque me cuesta menos escribir cuando mi corazón está hundido, me emociona cuando lo hago con estas ansias. Es muy simple mostrar la tristeza y transmitirla pero muy complicado definir a la perfección un completo estado de bienestar mental. Digamos mejor una felicidad transitoria propia de una mente retorcida y poco cuerda. Un bienestar personal, propio, único. Y joder, que feliz soy cuando le dedico unas palabras teniéndole a tan solo unos palmos de distancia. Qué alegría poder describir las mil y una maravillas que siento cuando le siento sonreír a mi lado, cuando puedo escucharle quejarse al mismo tiempo. Somos sin ser nada, unidos por un filo hilo que ninguno de los dos entenderemos jamás, una especie de conexión que me remite a él una y otra vez. Como los polos opuestos de un imán: inseparables. Maldita confusión. que bipolar me tienes. No se ni como estamos ni que somos, un ni contigo ni sin ti, a medias, como nos plazca, sin reglas. Párame los pies pero sin cortarme las alas. Haz que pueda volver a caminar el línea recta y deje de retroceder continuamente, pero no permitas que pare. Qué ideas, que complicado decidir, pero que bonito es mirarte cuando te enfadas, como me gustan tus ojos, penetrantes, míos, le pese a quien le pese. Aunque no queramos. O sí. Quien sabe, solo el tiempo lo podrá decidir.

jueves, 27 de octubre de 2016

Tras una semana he llegado a una conclusión: estoy atada de pies y manos. A veces creo que me he metido directa en la boca del lobo. Otras me veo en el mismísimo paraíso. Qué difícil es decidir que hacer, qué decir, cómo actuar. Qué complicado es ser tú cuando no te encuentras, cuando ya no sabes ni quién eres. Mi esencia vaga perdida en un cúmulo de sentimientos que no saben donde atracar. Estoy perdida, estoy hundida. Siempre he seguido los dictados de mi corazón pero mi cabeza, mi sentido común, me han dicho que basta ya, que no lo soportan más. No quiero sentirme así, he conseguido ser fuerte todo este tiempo, pero siento que esto me supera. Estoy luchando yo sola cuando la batalla no tendría que librarla yo, y solo me veo patética. No entiendo porque sigo jugando a esto, porque me empeño en seguir adelante con ello. No veo luz al final del camino, no estoy siendo correspondida. Ya debería estar acostumbrada a ello, pero creo que nadie en este planeta sería capaz nunca de aceptar cosas así. Y nadie sería capaz de aguantar lo que aguanto yo. Nadie perdonaría lo que yo estoy perdonando, nadie toleraría lo que estoy tolerando, ni aceptarían lo que estoy aceptando, ni le querrían como yo le quiero. Se que este es el motivo que tantas fuerzas me da para continuar, el único y verdadero motivo. Pero cada día que pasa otras razones se interponen en el camino y no veo en él actitudes que me hagan olvidar los obstáculos. He pensado en desistir, en hacer mi vida y confiar en que si me quiere, volverá. El problema está en que cada vez confío menos en su amor hacia mi y más en su orgullo, y finalmente acabo asumiendo que si me rindo, le perderé para siempre. No es justo, lo se, y me da rabia. No puedo ser mala con él y se que debería, pero cualquier error significaría decirle adiós y no quiero, no puedo. ¿Pero realmente me merezco esto? ¿Me vale la pena estar así cuando no veo que quieran estar conmigo? Si por su orgullo me perdiese, ¿acaso tendría que sufrir yo por ello? Porque si prefiere anteponer su ego a lo que siente no vale nada, absolutamente nada, sinceramente sería la persona más fría y sin corazón que existiese. Y puedo asegurar que él, con el tiempo, lamentaría más la perdida que yo, porque absolutamente nadie le va a querer ni le va a aguantar lo que yo le he querido y le he aguantado, y lo que le querría y le aguantaría. Me enamoré de una persona que ya no reconozco, este no es mi pilar. Está perdiendo ese carácter y esa actitud que tan bien le definía y tan especial le hacia. Quiero que reaccione, quiero que se de cuenta de una maldita vez y quiero que lo haga ya, no voy a poder soportarlo mucho tiempo más. Tengo que quererme a mi misma, yo estoy por encima de cualquiera y mi propio bienestar es primordial. Le amo, le quiero con toda mi alma y con todo mi ser y no quiero renunciar a él. Pero tampoco puedo permitir que me dejen de valorar, no puedo arrastrarme tanto cuando yo no debería, cuando esto no me lo he cargado yo. Mi paciencia se agota y mi corazón se enfría poco a poco, y cuando sea un témpano de hielo nunca más dejaría que se acercase, por mucho que me doliese. Yo perdono y olvido si veo sacrificio, tengo que asumir que si no lo hay es que no me merece. Quiero admitir eso pero solo pensarlo me destroza, aunque si esto continúa así no voy a tener más remedio, porque una vez que mi paciencia se agote estallaré, y ya no habrá retorno. La impotencia que tengo me supera y se convierte en una rabia cada vez más intensa. No solo soy la tonta que va detrás de una persona que no se lo merece, si no que encima soy la mala. Vienen conmigo de buenas queriendo ayudarme y solo meten más mierda. Como reina la hipocresía y la palabrería cuando conviene, que bien queda dejar mal a la gente a las espaldas cuando de primeras te vuelcas a apoyarle. Estoy harta de que se metan en mi vida, en mis relaciones y en mis amistades. Y, para no variar, si no hay confianza todo se te echa encima. 
Puede que me esté volviendo loca, y si no, es cuestión de tiempo